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Había fallado un penal minutos antes y desperdiciado la posibilidad de sentenciar el partido y tal vez, la Liga. A pesar de haber logrado tantas gestas y epopeyas con el Atleti, Diego Costa sentía que había defraudado a los suyos. A miles fanáticos que han ido asimilando partido a partido, ahora final a final, ese posible doblete de Champions y Liga que sonaba hace pocos meses como un comentario ridículo, irónico y usado como un condicional para desafíos que sabíamos que nunca haríamos: “Si el Atleti gana la Champions o Liga, salgo a correr desnudo por la plaza de Neptuno”, comentaban decenas de rojiblancos.

 

Diego Costa, con una amargura y ansia de revancha a la que nos tiene acostumbrado, observó el pase filtrado de Adrián. Nadie puede afirmar si el brasileño sabía de la presencia del poste en su camino, pero lo que hizo Costa fue un acto admirable de orgullo y lealtad a su club, al Atlético de Madrid. Se lanzó como si fuera la última posibilidad de anotar un gol en toda su carrera, como si no hubiera un Mundial a tan solo dos meses, como si el Atleti fuera su vida. Lo es. Costa anotaba el segundo y sellaba el triunfo del Atleti, pero su grito no era uno de gol, era uno de dolor. El río de sangre de su pierna, la preocupación, la angustia y la ambulancia terminaban por hacer del gol el menos celebrado de los últimos años. Por suerte, 24 horas después, el héroe camina con la sonrisa del vencedor que sufrió un golpe que solo fue un susto. Con la victoria y con Costa inmune, muchos tendrán que romper su palabra o avergonzarse en Neptuno. Apuesto por lo primero.

El partido se presentaba como la gran oportunidad de distanciarse del Barcelona y dar el golpe clave  que diferencia a un aspirante al título de un campeón. Una jornada que tenía que ganarse de cualquier forma a pesar del cansancio del partidazo del miércoles frente a los catalanes. Con esta convicción salieron los rojiblancos pero sin la intensidad ofensiva, la capacidad de elaboración y la presencia de Turan para ordenar y guiar a los colchoneros. El Getafe se jugaba el descenso y ponía ganas y una agresividad que por momentos se transformaba en violencia y constantes faltas. El partido era malísimo y trabado, con pelotazos a cualquier lugar, pero las aficiones se encargaban de generar un ambiente bárbaro, muy distinto a lo que se veía en el campo. Supongo que ya muchos sabrán cual era la única vía por la que se podía abrir el partido y así fue. Tiro de esquina que es despejado pero acaba en los pies de Juanfran. Mete el balón al área y aparece Godín, en su segunda ocasión de gol de cabeza pero esta vez ingresaba a las redes. Una vez más, el Atleti había tenido la capacidad para anotar en el momento clave y sin merecerlo demasiado. Cosas de los grandes equipos.

 

Los minutos en la segunda mitad fueron pasando con el mismo rumbo hasta que llegó el penal errado por Cosa y la expulsión de un jugador local. El ingreso de Diego Ribas y la presencia omnipotente de Gabi terminaron por controlar el mediocampo frente a un Getafe que no era algo más que ganas y pelotazo. Adrián clavaba un segundo partido consecutivo acertado pero al parecer la mala vibra no termina de alejarse de él ya que de su asistencia un poco forzada nacería la tragedia en la cual parecía convertirse el golpe de Costa.

Terminaba el partido y los jugadores iban a celebrar con la afición rojiblanca que se había movilizado al Coliseum. Esa afición que había aguantado por muchos meses el cántico “Volveremos a ser campeones como en el 96” para no generar una fisura en el discurso del partido a partido del profeta Simeone, no había podido más y la había hecho resonar en el estadio. Para los seguidores del Atleti, es conmovedor haber presenciado el camino, los obstáculos, las críticas, las lágrimas y alegrías que ha pasado nuestro equipo desde la llegada del argentino a Madrid. Un camino que está cerca de llegar a un final más que merecido por el trabajo, sacrificio y exigencia de una plantilla que siente los colores. No intenten vender la venta de Costa, que su paraíso es el Atleti. Quedan solo cinco partidos, si ganamos cuatro, nos avergonzaremos en Neptuno.

 

Nos vemos en el Calderón.

Twitter: Colchonero2012

Fotos: Infierno Rojiblanco

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