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Leía a principios de semana un artículo del periódico británico “The Independent” que se preguntaba si el Atlético de Madrid podía ser considerado el Robin Hood del fútbol europeo. A diferencia de muchos medios, su afirmación era cruda pero totalmente respetable: el Atleti estaba lejos de ser ese humilde ladrón que combatía el poder de los adinerados. No le faltaban razones y argumentaba que el Atleti había jugado sucio: tenía una estratosférica deuda Hacienda que recién comenzaba a pagar y su directiva había hecho demasiadas negociaciones ilegales. Que si de banda de ladrones hablábamos, la banda estaba en el palco rojiblanco.

 

A pesar de ser un excelente artículo por indagar y dar a conocer nuestra lacra dirigencial, los argumentos del periodista pueden revertirse: ¿Acaso Simeone y sus jugadores no tienen mucho más mérito en llegar a dónde han llegado teniendo a una directiva que ha generado una deuda impagable y que limita los fichajes? ¿No tienen mérito en haber logrado tantos éxitos con una directiva que antepuso sus intereses personales a los del club? Es una cuestión de perspectiva. Pueden ver al Atleti en conjunto y decir que es un equipo endeudado y que ha jugado sucio. Pero lo pueden ver de otra manera, pueden quitar a la directiva y dejar al Cholo y a sus jugadores como la esencia del Atleti. Que lo son, son los verdaderos salvadores. Así verán a una plantilla que no solo ha luchado contra los millones del Barza y Madrid (y su prensa afín), sino también contra una directiva dañina. El Atleti del Cholo es Robin Hood y un equipo humilde y admirado, el Atleti de Cerezo, una lacra. Es cuestión de perspectiva y cada uno es libre de escoger su posición frente al Atleti. Para mí el Atleti es el del Cholo, para el Fortuna Düsseldorf, también.

 El partido traía mala vibra desde el arranque. Un once de gala en el que se infiltraba, sin éxito, Adrián por Arda. Algo no cuadraba en el equipo del primer tiempo, el Atleti se veía como uno distinto al de siempre y el Elche, como casi ningún rival, lo dominaba. Defendían bien y salían rápido a la contra. Tal vez el ingreso de Adrián había descuadrado el esquema de presión y marcaje mientras que Costa perdía todo balón que llegaba sus pies y el grande de Courtois aparecía para evitar hasta tres ocasiones claras de gol visitante. El Atleti, en plena Semana Santa, había cometido el pecado capital: ver más allá del partido a partido. Los jugadores soñaban con el Chelsea y querían ganar por ganar, por ser el Atleti, de cualquier manera, sin respetar la mentalidad y estilo de juego de toda la temporada. De cualquier manera no se gana.

 

Eso lo comprendió bien Simeone en el descanso, quitó a Adrián por Raúl García, para luego suplir a un intrascendente Koke por Diego Ribas. El Atleti comenzó a funcionar una vez más, con más empuje, intensidad y concentración que calidad y elaboración. Así llegaría un penal, para mí no fue, contra Raúl García. David Villa, por querer anotar y patear como sea para que el balón entrara (un patrón de ansiedad en todo el equipo que debe corregirse), tiraba uno de sus peores penales en su carrera. Los nervios y la mala vibra se posaban en un Calderón repleto y en esos hinchas alemanes del Fortuna que reflejan a la perfección lo que ha logrado este Atleti.

Pero no existe mala vibra cuando un equipo no camina solo. Simeone se dio cuenta que las instrucciones de táctica a los jugadores ya no servían, la ansiedad y el deseo hacía que ya no lo escucharan. Lo escribiría el argentino en su libro: “Cuando un jugador está cerca de jugar una final, en los entrenamientos ya no escucha tus indicaciones ni puede dar dos pases seguidos. Solo piensa en la final y lo que conlleva ello.” Así que apeló a la motivación y al apoyo de la grada: durante varios minutos alzó los brazos hasta que la afición se puso a tope. El Atleti, empujado por su afición, por el convencimiento de los jugadores, y espiritualmente por esos miles de fanáticos de otros equipos que ven en los rojiblancos un concepto con el que identificarse, se fue por el triunfo. José Sosa centraría con su espectacular calidad para hacerlo y Miranda cabecearía un balón hacia la gloria. Otra vez de balón detenido. Otra vez ese gran refuerzo argentino, ese botín silencioso que sin darnos cuenta ha solucionado muchos partidos. Ya en el último minuto, Diego Costa anotó de penal un mensaje a los ingleses.

 

El Atleti del Cholo o el Atleti de Cerezo. Días anteriores al partido, hinchas del Fortuna Düsseldorf colgaron una pancarta en su estadio: “Felicidades Atlético”. Dos palabras que me alteraron los nervios: esa era la muestra del respeto y orgullo de miles de fanáticos por el Atleti, por ser un equipo humilde que ha luchado con armas nobles (el esfuerzo, el sacrificio, el optimismo) contra la industria del fútbol de los millones, esa industria que ha creado un sector de hinchas ingratos que insultan a los jugadores que les dieron todo solo hace tres años. Esa industria del resultado. Hablo del Barcelona. Este Atleti del Cholo posee valores, los verdaderos de la historia del club, que son contrarios a los de su directiva. Este Atleti del Cholo y de sus jugadores no merece ser confundido con el Atleti de su directiva. Nada evitará que los rojiblancos sean campeones, campeones contra su directiva. El Atlético campeonará y muchas minorías de Europa (que juntas pueden ser mayoría) así lo esperan. Los colchoneros no celebraremos solos. Espero que cuando toque, tampoco suframos solos.

Nos vemos en el Calderón

 

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Fotos: Infierno Rojiblanco

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