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Decía Rubén Uría que la temporada pasada nadie se enteró de aquello. De aquello de la lesión. Nuestro pulmón – Gabriel Fernández – sufrió una fisura en la costilla un mes antes de que seamos campeones. Le costaba respirar, y eso es un problema mayor cuando eres uno de los jugadores que más corre en el equipo y cuando el Atlético de Madrid depende, quizás un poco más que el resto, de ti. Tal vez todavía sea demasiado joven para percatarme, pero los que llevan décadas viendo fútbol ya lo han dicho: cuando Gabi está bien, el Atleti está bien. Un mes antes de que seamos campeones, la costilla de Gabi no estaba bien. No quiso que la prensa se enterara. Los aficionados no lo supimos. Nuestro capitán sabía que ese hueso de su cuerpo no lo pararía: él seguiría corriendo.

El corazón tiene una carga social muy fuerte y, en el fútbol, se le relaciona con la pasión. La pasión de patear un balón para luego besar el escudo. Diego Forlán, aún en sus mejores épocas en el Atleti, nunca besó el escudo y, en sus peores épocas, dijo que solo besaría el de Peñarol y el de Uruguay. Él lo sabía muy bien: el corazón de un club es su escudo en el pecho.

De Gabi han dicho que es el pulmón del Atlético de Madrid. Un pulmón adulto puede almacenar cerca de seis litros de aire y mientras más tenga un equipo de fútbol, mejor le irá. En marzo del 2014, después de eliminar al Milán, el diario As publicaba un artículo donde se mencionó que Gabi era el jugador que más corría en Europa: había recorrido 93 kilómetros en ocho partidos de Champions. El problema surge cuando, cerca de un año después, el pulmón protegido por esa costilla recuperada debe seguir trabajando con la misma intensidad y energía que la temporada pasada, a pesar de tener un aniversario más y el desgaste – físico y psicológico-  de la histórica liga. Cuando nos damos cuenta de que Tiago y Gabi no tienen recambio a pesar de que lo necesitan – en algunos partidos- pero, sobre todo, se lo merecen. Ellos y el Atlético de Madrid. Cuando después de haber ganado la Liga y ser subcampeones de Champions, hemos pasado de tener dos bandas que se tragaban toda la cancha– Filipe y Juanfran – a concentrar nuestro ataque solo por una porque el brasileño se fue y el que vino es bueno pero no como el desertor – ahora suplente de un diestro -. Cuando Arda y Koke sufren lesiones, son neutralizados por los rivales y no hay variantes. Allá arriba hay una directiva que, impedida por las deudas generadas por ellos mismos, se vio limitada, como siempre, en contrataciones. Y acá abajo, ven como Gabi o Koke se retiran de la cancha fastidiados porque saben que no han jugado bien; pero, peor aún, porque quizás sospechen que el que entra no logre hacer la diferencia.

El Atlético de Madrid hace cuatro partidos que no anota un gol de jugada (el único gol fue de laboratorio). Pensé que el partido en Alemania y en Vigo era solo un charco, pero tras cuatro partidos uno se percata de que puede ser un pozo más profundo. Rivales que nos estudian al máximo, cansancio y lesiones de algunos de los nuestros, un bajón en el nivel individual que ha perjudicado al funcionamiento colectivo y, finalmente, ha afectado a la confianza y el oficio. Cuando no había intensidad ni juego por bandas o jugadas de laboratorio, era la confianza o el oficio o la casta o el duende (como le quieran llamar) lo que nos hacía creer y saber que anotaríamos ese gol que faltaba y que ellos jamás nos remontarían. Gran parte de esto último se ha perdido: anotar un gol cuesta un mar y que nos anoten ya no parece una hazaña. Hay algunos que creen que primero debemos recuperar la confianza. Opino lo contrario: primero debemos recuperar la intensidad y ese juego asesino por bandas o entre líneas y solo así recuperaremos la confianza. 

Si hay un equipo en el mundo del que no se puede dudar de su sacrificio o compromiso es el Atlético de Madrid. Pero una cosa es compromiso y otro nivel de juego. Con Simeone, estoy convencido de que el compromiso siempre estará al máximo. Lamentablemente, el juego ha decaído mucho: en muchos minutos somos un equipo largo que tira pelotazos esperando que ocurra un rebote que genere un córner a favor. En las buenas épocas, ese era un recurso más para anotar. No el único. Si hay alguien capaz de devolver al equipo ese estilo de juego que ya he mencionado en otras columnas es Simeone, y pasa por recuperar individualmente a cada jugador. Y mucho cuidado que es necesario intensidad Y juego. Si solo recuperamos lo primero, mal iremos, porque hay muchos rivales que ya nos igualan en ese aspecto.

La costilla y el pulmón. Este pozo, que aún no sabemos su profundidad,  debe servir para darnos cuenta de que los pulmones de Gabi, Tiago, Arda y compañía necesitarán descansar, cada vez más seguido, a partir de los próximos años.  Y es necesario un recambio. Ellos se merecen ver jóvenes con su misma sangre y saber que llevaron al Atleti a la cima para que nunca más vuelva a caer. Se merecen que nuevas costillas blinden sus pulmones. Al fin y al cabo, todos somos humanos.

Daniel R

Twitter: @colchonero2012

Fan Page: Un Blog de Daniel R. 

E-mail: atleti2012@hotmail.com

 Fotos: Infierno Rojiblanco 

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