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José Mourinho, el antagonista de la humildad y modestia, es un entrenador exitoso al que, más allá de su forma de jugar, de su forma de minimizar a sus compañeros de puesto y de sus entradas de arrogancia, respeto y admiro mucho. A pesar de que, probablemente, él no me respete. Más aún al terminar de escribir estas líneas. El portugués regresaba a Madrid con el mismo fastidio con el que se fue del Bernabéu y estaba dispuesto a seguir incrementando la antipatía de los medios españoles. No contento con su desaire en la rueda de prensa, planteó en la cancha una estrategia y táctica tan respetable como criticable por una prensa que se relamía al imaginar todos los dardos que podría lanzar contra el portugués al día siguiente.

Pero algo había cambiado en ese entrenador irrespetuoso que comenzó su carrera en el Benfica. Apenas pisó el Calderón, todo pensamiento de superioridad y desprecio por el otro desapareció. Desde el amical saludo con Simeone hasta sus frases en la rueda de prensa. Sus once jugadores en el campo no reflejaban la soberbia de su entrenador, más bien todo lo contrario, eran once futbolistas, procedentes de los petrodólares de Abramovich, que defendían de manera descarada en el último cuarto de cancha mostrando un respeto mayúsculo a su adversario. El Niño Torres se quedaba aislado en ataque mientras que la doble línea de cuatro del equipo inglés destruía todo intento de construcción de juego. Mourinho, con su planteamiento, mostraba una deferencia enorme al Atleti. La plantilla del Cholo, Burgos, Ortega y compañía habían regresado al Atleti a unas semifinales de Champions después de 40 años pero no solo eso, habían logrado que ese irrespetuoso de Setúbal los respete. Son pocos los que pueden jactarse de tal cosa, sino pregúntenle a Wenger, Pellegrini y al mismo Eto’o. Los rojiblancos sí podemos.

Una grada con un espectacular colorido nos hacía recordar que estos partidos no se dan todos los días, pero a los pocos segundos del inicio del partido (si digo minutos estaría exagerando), el portugués rival nos hacía notar que la intensidad en la marca, el rigor defensivo, la concentración y la  velocidad en los relevos también podían ser imitados por su equipo de once ladrillos azules. El Atleti recibía de su propia medicina ya que veía como el Chelsea despreciaba toda posibilidad de ataque y posesión del balón para cederle a los locales esa iniciativa que tanto nos incomoda. Un muro defensivo descarado que el Atleti se veía incapaz de agrietar. Pasaban los minutos y los tiros de larga distancia de Diego chocaba siempre en un defensa rival o llegaban sin fuerza a Cech, los centros incesantes de Filipe y Juanfran eran despejados con facilidad (fueron contadas las ocasiones en las que pudieron desbordar e incontables los centros desde posiciones incómodas) y  las corridas de Diego Costa era obstaculizadas, como nunca, por la maquinaria de defender, destruir y evitar atacar del Chelsea. Si ya adolecíamos de calidad para la elaboración en partidos contra equipos que envidiarían mucho la táctica del equipo inglés, menos iba a aparecer contra esa portería indomable. La gran intensidad, que era la principal solución al problema existencial, se veía neutralizada ya que chocaba contra otro juego igual de intenso y agresivo de los visitantes.

Las cosas no parecían mejorar, los periodistas argentinos que comentaban el partido tampoco alegraban la velada con comentarios realmente tristes por su ignorancia pero extraños por lo bien que habían analizado a los rojiblancos partidos y temporadas anteriores: “El juego frontal del Atleti ha generado que no estén acostumbrados a desarrollar juego por las banda” o “El ramo de rosas del córner es un detalle”. Tengo otra opción de cable para ver la vuelta y no dudaré en usarla.

Así pasaban los minutos y así las críticas hacia el sistema de juego de Mourinho. El Atleti no podrá en una semana sacar de la chistera la calidad ni elaboración necesaria para romper ese muro si es que se presenta de esa manera en Londres. Pero el miércoles los locales tendrán que arriesgar e irse, al menos un poquito, al ataque. Eso generará más espacios, pero si Mourinho decide llegar con el 0-0 a los penales, puede que un tiro libre, un tiro de esquina o una genialidad de Costa previa le congelen sus planes. Así como tuvimos que remar mucho para crear un intento de peligro en el Calderón, su equipo solo lo podrá generar con igual o mayor dificultad en la portería de Courtois y sus cuatro mosqueteros.

José Mourinho, el antagonista de la humildad y modestia, es un entrenador exitoso al que, más allá de su forma de jugar, respeto y admiro mucho. Pero su Chelsea nunca dejará legado. Tal vez se pueda decir que el juego defensivo y destructivo de mi equipo y del suyo se asemeje. Lo puedo aceptar. Lo que no puedo aceptar es que se juzgue a ambos clubes con los mismos ojos. El Chelsea es un equipo que ingresa muchos millones más de euros que el Atleti y que tiene jugadores de mucha más calidad y trayectoria. Aun así, fue incapaz de jugar con una estrategia más ofensiva, retadora y correspondiente con el tipo de jugadores que tiene y los millones que fantasean por sus cabezas. El Atleti, a diferencia, ya ha dejado legado. Este no consiste en el juego “utópico” del Barcelona, sino en haber demostrado que con sacrificio, esfuerzo, compromiso, convicción y demás valores admirables, no existen los obstáculos ni los euros de por medio.  El mundo verá al Atleti como el equipo que con muy poco, logró demasiado. Será un ejemplo histórico y eterno de superación para esos equipos relegados por los gigantes de las ligas europeas que creen que es imposible superar a los Juventus, Bayerns, PSGs, etc. Esa es su huella en la historia del fútbol.

Nadie daba un euro por el Atleti y ahora ese mismo equipo da millones. Si el Chelsea es campeón, pasarán los años y solo sus hinchas se acordarán de aquel título. El Atleti, gane o pierda, ya ha dejado un legado. Nadie se olvidará de ellos. Más allá de lo que suceda el domingo y el próximo miércoles, me siento orgulloso por haber visto la gesta colchonera. Estén seguros que pasará de generación en generación, de entrenador a entrenador, de jugador a canterano y de hincha-padre a hincha-hijo, hasta que algún día, la pelota deje de rodar. Pero el balón recordará aquel equipo que, con todas las dificultades de un fútbol de élite, los rojiblancos levantaron la gloria en forma de copa. Esperemos que sea en Lisboa. 

Nos vemos en Valencia

Twitter: Colchonero2012 

E-mail: atleti2012@hotmail.com

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