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Quítenle las estacas, límpienle el sudor y denle comida, que este no es el traidor… tenemos al hombre equivocado.” Corría el minuto 56’ de una batalla futbolística en el Campo Nuevo, los blaugranas no lograban conectar sus líneas ofensivas para al menos intentar inquietar a Courtois mientras que los rojiblancos, tras la lesión de ese jugador que la prensa vende y el mundo cree que es el único responsable del apogeo colchonero, daban una lección de presión e intensidad que no dejaba respirar al Barza, pero que era insuficiente para llegar a Pinto. Diego Ribas había ingresado por el lesionado Diego Costa y tenía los ojos de miles de rojiblancos puestos en él. El “traidor”, el “Judas”, el “pesetero”, el “convenido” Diego Ribas da Cunha, en tres cuartos de cancha, se perfilaba para iniciar una jugada que difícilmente crearía real peligro, con un Barza replegado como fieras que habían logrado igualar la intensidad y marcaje del Atleti de la primera mitad.

El partido, como un Barza- Atleti más, era uno cerrado en el cual la destrucción del juego primaba sobre los escasos contragolpes colchoneros y la creación de peligro culé. Pero Diego Ribas da Cunha, al que los hinchas no solo llamaron traidor y crucificaron haciendo caso omiso a la opinión de este blog y cayendo una vez más en los juegos mentales de Enrique Cerezo y Gil, el que fue acusado de desequilibrar tácticamente al equipo tras su regreso, tenía la visión, la calidad y la confianza para hacer algo que nadie se esperaba. También tenía las horas de entrenamiento necesarias, sin haberse quejado por su suplencia eterna, para que ese disparo de media distancia se acercara lo más posible al arco de Pinto. Y la fe en el Cholo y sus palabras para que ese balón entrara. Para convencer a esa gente que lo acusaba, le escupía y lo pitaba, de que él no es el traidor. Él no. Y que su equipo no es Diego Costa, son todos, desde el utilero hasta Simeone.

Desde este blog se defendió con todos los argumentos posibles la calidad y lealtad de Diego al Atleti, así como la necesidad de contar con él de vuelta. Año y medio después, sé que no me equivoque. En el partido también hubo otra crucifixión errada y ese fue el del Atleti en el minuto 30’. Hasta ese momento, la poca precisión de David Villa le había quitado al Atleti la chance de ponerse por encima en el marcador pero el estupendo control del juego (presión, marcaje, agresividad, relevos y velocidad en el contragolpe) de todo el equipo hacía que el Barza se perdiera en su mundo de pases y estética. La salida de Costa en el 30’fue un punto de inflexión en el partido, el sistema defensivo colchonero seguía funcionando a la perfección demostrando que el Atleti no es Costa, pero había perdido presencia ofensiva. Los aficionados neutrales se apresuraban en vaticinar la debacle y la crucifixión con sangre roja y blanca. Ya no estaba ese Lagarto que se encargaba de ganar faltas y volver loca a la defensa local él solito. Aun así, el orgullo, garra y pundonor rojiblanco podía más que la baja de su delantero estrella.

El milagro de Diego llegó y el Tata Martino tembló. El equipo del pueblo, sin su estrella y con ¼ del presupuesto del rival, ponía contras las cuerdas a ese equipo mágico llamado Barcelona y en su propio estadio. El Barcelona con su posesión habitual del 65-70% jugaba en área rojiblanca pero no contra el arco de Courtois. Hasta que ese derroche de fuerzas del Atleti se fue agotando, hasta que la energía puesta en presionar la salida desde el pase de Pinto a Piqué en el primer tiempo (y de mitad de cancha para atrás cuando el Barcelona pasaba la primera línea) ya no bastaba y hasta que Juanfran, una vez más, dejó el espacio en su banda derecha. Suena cruel criticarlo cuando todos estuvieron realmente magníficos pero fue el principal culpable en el gol de Neymar. El brasileño, como en agosto del año pasado en la ida de la Supercopa jugada en el Calderón, se adelantó a la marca de Juanfran para poner el empate. El mismo error se repetía pero el mismo belga glorioso se aseguraba de que si las piernas de los defensores ya no daban para más, sus guantes se encargarían de mantener la paridad. Así lo hizo con tremendas atajadas a Messi e Iniesta, un gran equipo necesita un gran arquero. El cansancio colchonero dejó al Barcelona con la posibilidad del segundo en un partido en el cual solo las individualidades de Diego e Iniesta habían logrado abrirlo. Pero una vez más el trabajo en equipo del Atleti, con optimismo, convicción, coraje y orgullo propio lograron mantener el empate.

El Atleti jugara la vuelta con ½ gol de ventaja que en partidos tan cerrados puede ser decisivo. La Biblia de Simeone ha surtido efecto otra vez: “Más importante que la cantidad de minutos, es la calidad de minutos. Ningún jugador es más importante que el grupo, un campeonato no se gana con 11 jugadores, se gana con 22, con todo el equipo, cada uno tiene un rol clave y el futbolista que no juegue debe trabajar para que en el momento que le toque saltar a la cancha, responda y lo haga de la mejor manera.” Diego Ribas y el Atleti lo han comprendido muy bien. No los crucifiquen, que de si fieles y ganadores se trata, ello son el mejor ejemplo. Va para la RAE.

Nos vemos en el Calderón

Twitter: Colchonero2012

E-mail: atleti2012@hotmail.com

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