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Desde hace una década la liga española terminó por convertirse en el campeonato de las estrellas más monótono del mundo. Esto mirado desde la perspectiva de todos los aficionados de cualquier equipo español que no poseían camisetas blancas o blaugranas. Esos aficionados que tenían que llegar a las últimas páginas de los periódicos deportivos para ver noticias de sus equipos, solo miraban por TV el éxito del Barcelona y Real Madrid. Ambos,  por méritos propios, y como consecuencia con una considerable mayor cantidad de ingresos que el resto (que era desigual a pesar de los méritos), lograban diferenciarse de los demás, del resto de equipos que tampoco hacían bien las cosas cómo para al menos intentar competir con los dos gigantes. Ahí estaban las crisis de gestión del Valencia, Atlético de Madrid, Zaragoza, entre otros. En este sistema comenzó a despertar de su capsula un ser con sangre rojiblanca. Diego Simeone logró colocar al Atleti como tercero en discordia, ese equipo “del pueblo” que cae bien pero que tampoco podía acercarse lo suficiente a los otros dos. Ese equipo que termina por caer en febrero y marzo. Siguió intentado salir de la capsula, romper las cadenas que lo mantenían en ese duopolio de sistema, luchar contra la represión arbitral y el desastre de equipo que había creado la directiva actual, y lo logró. Logró introducirse en el sistema para no volver a esa capsula de mediocridad y fracaso. Espero que para no volver nunca más.

No pude ver el partido pero estoy lo suficientemente informado para dar mis impresiones de lo que fue. Para los amantes del fútbol que recién comienzan a seguir a esta revelación, tendrán muchas dudas acerca de si realmente el equipo madrileño que están viendo es el puntero absoluto de la Liga BBVA. Un equipo que mientras se acerca el final está más estudiado por los rivales y al que se le acumula la fatiga de jugar dos veces por semana. El partido de hoy fue la mejor muestra de que el puntero de la liga española no puede dar las decenas de pases consecutivos del Barcelona, que no tiene jugadores con la potencia de Bale o Cristiano, que no es la máquina que nunca se cansa de quitar, tocar hacia adelante y contragolpear que es el Bayern Munich, que hoy se coronó campeón, y que tampoco tiene un juego demasiado vistoso y de dominio del balón de otros grandes equipos.

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Arda Turan se perdía en la elaboración, como ocurre con cierta frecuencia en varios pasajes de los partidos, y remataba desviados dos tiros con portería a disposición. El Cebolla Rodríguez no lograba desequilibrar con la velocidad de correcaminos que posee y las ocasiones se tenían que contar con la lentitud equivalente a escuchar a nuestro primo menor pronunciar esternocleidomastoideo. El Granada inquietaba la portería rojiblanca y estaba convencido del papel que tenía que cumplir en el campo: repliegue, mucha presión sobre el rival e intensidad (la estrategia del Atleti usada en su contra) y cuando se daba la oportunidad, contragolpear. Un rol que comienza a ser habitual en los clubes que pisan el Calderón.

El Cebolla no tendrá la potencia ni el talento de los extremos del Bayern como Ribéry y Robben y el Atleti tampoco tendrá a jugadores que valen millones sentados en la banca de suplentes. Pero Simeone ha logrado un convencimiento que hace que los jugadores se sientan y crean mejores, para que terminen siéndolo con trabajo, esfuerzo y sentido de pertenencia al Atleti y al sistema, ahora de tres, del que ya no quieren salir. Una vez más, el arma que el Atleti ha explotado durante toda la campaña sirvió de abrelatas para devorar una granada: la pelota parada. El “Principito” Sosa ingresó ganando el primer cambio a Diego y Raúl García, y sus centros fueron de un jugador de FIFA: al mismo lugar, con la potencia necesaria para favorecer al delantero y dificultar el rechace defensivo. Diego Costa el domingo, el miércoles, otra vez el domingo, en Champions, una y otra vez, y no se termina de cansar “la bestia”. El primer cabezazo del centro estuvo a centímetros de entrar y no necesitó una tercera oportunidad para que el primer puesto absoluto llegase a un equipo imposible de no tenerle simpatía. Centro de Sosa y aparición del hispano-brasileño para dejar al arquero y medio mundo perplejo. Perplejos de que el líder de la liga no se entiende en catalán y que no llena portadas de la capital.

Perplejos de que seguimos viviendo del corazón y pensando con la cabeza. Porque más allá del primer lugar, veo un futuro mejor para el Atleti, una base sobre la cual crecer y una esperanza a la cual aferrarse. Mientras este Simeone aquí, los rojiblancos no morirán, no serán una estrella fugaz de una temporada para volver a contentarse con estar en “Europa” y no podremos ser engañados nuevamente. Algún día el argentino se irá, pero los jugadores y miles de aficionados no olvidaremos lo que hicimos en unos calurosos meses sudamericanos. Y exigiremos. Reclamaremos. Para no dejar de soñar y no volver a esa capsula de las mentiras. En los próximos y más sofocantes meses de verano, el recuerdo será más fuerte que el engaño.

Nos vemos en Bilbao

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