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Es una sensación indescriptible por el chocante y hasta traumático efecto que genera en el cuerpo. Escalofrío, rabia, cólera y frustración. Tendrán que pasar varios minutos para que de tu boca vuelva a salir palabra y tal vez horas para que tu voz se recomponga. Esa voz del hincha que sonará tambaleante, ese lagrimeo en los ojos y esa inmovilidad del cuerpo por la esperanza perdida. El momento puede haber durado solo 180 segundos pero estará presente durante varias horas, sino días. Nosotros lo sabemos mejor que nadie por las tardes, tardes noche y noches en los cuales 30 minutos significan tres goles en contra, en los cuales el minuto 90 significaba el presagio del fin, en los cuales toda una preparación mística se iba a la basura por cinco, ocho o diez minutos de un circo que iba de rojo y blanco. Veíamos a esa afición rival celebrar  y  creíamos injusto el excesivo castigo en tan poco tiempo. Nuestro cuerpo seguía frente al televisor, seguía en las butacas que se vienen abajo del Calderón, al igual que el propio estadio, seguía escuchando la celebración de miles de fanáticos alrededor nuestro pero nuestra alma había sido noqueada en segundos que sabíamos que durarían horas. Habremos aprendido tanto que nos volvimos expertos. Expertos en aplicarlo. Expertos, gracias a Simeone y esa camada de rebeldes de lo establecido, de que no nos pase a nosotros. Que el escalofrío sea para ellos.

 

El Atleti gusta de este estilo de batalla. Los colchoneros han demostrado a través de estos meses que les es difícil poder dominar a un rival de manera clara cuando juegan de visita. En muy contadas ocasiones verán un dominio de posesión o de ataque cuando se juega de visitante. No es del gusto ni la especialidad de los rojiblancos. Pero eso abre la puerta a la muerte en 180 segundos. Cuando un equipo juega contra el Barcelona o el Bayern puede ver el dominio rival y el hincha va asimilando que tarde o temprano llegará el gol o la derrota. Contra el Atleti, en muchos casos, es imposible anticiparlo. El partido puede ser uno aburrido, rígido, apasionadamente monótono pero perfecto en disposición táctica, coberturas y pelotazo. Eso sucedió en Vigo durante toda la primera mitad. A falta de Costa y Arda, Koke desaparecía de la elaboración, Villa parecía una isla aislada que apenas creaba peligro, Diego aumentaba las ganas con las que los críticos destructivos lo martirizan y Raúl García no funcionaba ya que la maquina estaba paralizada.

Pero lo que generaba un partido soporífero terminó por dar entrada a esos dos minutos no aptos para cardiacos. Esa presión para el marcaje aumentó en varios grados de intensidad y Gabi se mostró como el capitán de ese cambio. Persiguió como un sabueso la salida del balón y forzó el error, ese error buscado que casi siempre beneficia a los grandes equipos y perjudica a los rivales teóricamente menores. Tampoco cabe dudas de que sin David no lo hubiéramos logrado. Utilizó la potencia y velocidad que nunca debería olvidar para quedar mano a mano y ahí si el máximo goleador de la Roja no falló. Muchos delanteros hubieran errado el disparo, incluso muchos jugadores que han pasado por el Atleti y que juegan actualmente hubieran terminado mal la jugada, pero ahí radica la virtud de David Villa, el sabio veterano. Esa jerarquía, esa clase y esa definición que nunca se olvidan. Simeone decidía sacar a un casi siempre perfecto Koke para dar entrada a Sosa, que sabía que David no es de esos jugadores que tras anotar un gol se queda perplejo y asombrado. El rival fue el perplejo y asombrado cuando segundos después, el asturiano no fallaba. Una vez más y otra vez gol. Esa virtud del equipo silencioso y letal, que no tuvo problemas en mantener la muerte del Celta con un Diego que comandó a los rojiblancos en la segunda mitad.

 

Mientras en Vigo se celebraba el primer puesto temporal y la derrota del Barcelona, al que yo no me animaría a dar jamás por muerto, nuestro rival del próximo martes caía contra el Udinese. Ese equipo místico de Milano que verá un espectáculo de colores esta semana en el Calderón y que podrá ser el invitado de honor para ver como un equipo que de caer eliminado de manera humillante e indigna contra un equipo de tercera división española, ahora pelea el liderato y tiene demasiadas chances de ingresar a ese cuadro. Un cuadro donde año tras año solo están presentes los equipos históricos y de elite. Un cuadro que fue ajeno al Atlético de Madrid pero que en solo dos años ha presenciado que Madrid ya no solo va de blanco, sino también de rojo. Un rojo que vio morir a un estadio en shock solo 180 segundos después.

Nos vemos en el Calderón.

Twitter: Colchonero2012

E-mail: atleti2012@hotmail.com

Fotos: Infierno Rojiblanco

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