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Llevaba pocos años siguiendo al Atlético de Madrid pero era lo de menos. Veteranos de decenas de finales, adultos que habían visto la decadencia y usurpación del Atleti, y jóvenes que la única gloria que mantenían en mente con dificultad era la del doblete, recordaban con mucho esfuerzo la esencia del derbi de Madrid. Algunos, como yo, no lo recordaban porque nunca lo habían vivido. No se debía a lagunas mentales ni falta de pasión, sino a años y más años de humillaciones y fracasos en los que lo único rescatable era una afición que no dejaba de estar a la altura de las circunstancias y la certeza de que el mundo seguía como siempre: el Real Madrid salía al campo con 15 jugadores, no con 11. Veíamos cada año, en los principales medios de comunicación, los titulares del clásico de la ciudad, pero no brotaba nada más que una expectativa efímera, falsa e inverosímil. Se intentaba vender un partido que ya no existía, que había pasado a la historia junto con la voz y el voto del socio rojiblanco. Hasta que llegó un entrenador que sí recordaba la razón de existencia del Atlético de Madrid.

 

Muchos pensaron que se quedaría en los títulos europeos, secundarios de cualquier forma, pero comenzó a construir sobre una base sólida que recibía muchos golpes, muchos goles de Cristiano, más derrotas, pero que estaba convencido de que ese era el camino. Ese era el camino para acabar con más de 14 años de maleficio, con más de 168 meses en el cual nuestros jugadores declaraban que el derbi era algo distinto e indescriptible, pero eran incapaces de hacer en la cancha lo que salía de sus bocas. El derbi era trampa, desigualdad de poder y desventaja económica, pero también conformismo, mediocridad y complejo de inferioridad de los nuestros. Complejo de sentirse peores para caer derrotados y seguir encajando en esa caja de Pandora, en esa caja donde yacen atrapados el resto de equipos de la liga española que no sean el Barcelona y el Real Madrid. Pero que lucha por abrirse, existe ese elemento rebelde, existe ese conjunto rojiblanco que no acepta que la Liga BBVA, que como su nombre lo dice es la liga del “dinero”, uno despojado y peleado con el Atleti, sea la dictadura de la clase “respetable”. A partir del derbi un aficionado guía su vida, y no hay mejor ejemplo que el partido del domingo para plasmar esos valores tan claros para algunos como tan imposibles de ver para otros.

El Atlético de Madrid dirigido por Diego Simeone le ha devuelto la esencia a los enfrentamientos contra el Real Madrid. Ya no es un hecho esporádico como la final de la Copa del Rey, es una verdad constante y absoluta. El Real Madrid se adelantó una vez más cuando los espectadores recién se acomodaban en sus asientos y el árbitro volvió a seguir las órdenes del clan blanco al no cobrar un penal claro contra Diego Costa. Hace muchos años, esa jugada hubiera sido un punto de inflexión en el partido. Los rojiblancos hubieran tirado la toalla, hubieran encontrado la excusa perfecta para la derrota y hubieran comenzado a especular con el partido. Pero este equipo era otro, ya no habitaba al fondo de la caja de Pandora sino que pujaba por salir, y al hacerlo había visto la luz, había visto la realidad y había notado su verdad, su esencia y había creado en sí mismo. En lo que fue, en lo que es y en lo que puede llegar a ser. Con esfuerzo, compromiso, convencimiento y dedicación. Porque un crack llena portadas, gana Balones de Oro, hace spots publicitarios, pero un equipo gana títulos y más allá de eso, deja una marca en el aficionado. Deja una historia, un sentimiento, una guía y una esperanza.

 

Los rojiblancos se quitaron los complejos de encima. Comenzaron a ganar en intensidad a sus rivales, a desquiciar a sus defensores, a elaborar jugadas con más balón al pie que pelotazo y a utilizar esas diagonales y esos laterales que se recordarán por muchos años. Comenzaron a jugar al fútbol, a pesar de que el clan madridista intente traducirlo como violencia, patadas y juego brusco. Arda, ese genio cuando se lo propone, se quitaba de encima a tantos defensores como faltas sin amonestación de los madridistas (realmente increíble), para ceder a Koke. El canterano, con esos remates que de tres solo entra uno, anotaba y daba la resurrección al Atlético de Madrid, un empate totalmente merecido. Pero los rojiblancos no solo querían competir, quería ganar, se creían victoriosos y así lo plasmaron en el campo. No retrocedieron ni dosificaron energías, el Madrid, ese equipo que hizo lo que quiso en el cementerio de los Elefantes, vivía su propio cementerio en su ciudad natal. ¿Dónde estaba el Atleti del juego brusco y sin ideas? ¿Dónde estaba el Madrid de las goleadas, el juego frontal y la omnipotencia? El mundo al revés para la prensa, sí, pero el mundo lógico para los conocedores honestos y desinteresados de fútbol.

 

Hasta que llegó el momento del partido. El momento que refleja la forma de entender la vida de los aficionados colchoneros. Gabi desde poco más delante de la media cancha disparó un tiro potentísimo que se coló en la portería de Diego López y  puso el 2-1 en el marcador. Gabi, nuestro capitán, ese jugador limitado con las piernas que no tiene la habilidad de Ronaldo ni compañía, anotaba un gol de los grandes astros. Un gol que escondía detrás horas y horas, días y más días de entrenamiento y dedicación. Un gol que reflejaba el esfuerzo de todo el equipo, el convencimiento y el trabajo por ser mejores a pesar de no tener las habilidades de otros. Porque el esfuerzo compensa al talento, el esfuerzo compensa los millones del Madrid. Gabi, tanto capitán, celebraba con el puno en alto, porque sabía que en esta vida injusta se había hecho justicia, y que esos millones de colchoneros tendrían un día con las mismas miserias, dificultades y problemas de siempre, pero que tendrían una razón más para sonreír y en ese momento recordarían a nuestro capitán.

Recordarían también cómo se dominó al Madrid durante casi toda la segunda mitad. Como se pudo haber goleado si es que Diego Costa hubiera tenido un día más acertado. El Atleti era dueño y señor del partido pero cometió el pecado de muchos: no matar a ese gigante cuando está desorientando con alguna de las cinco ocasiones clarísimas que conté. Lo tengo claro, el Atleti no ganó no por el error de Mario ni por el desgaste, no ganó porque le faltó precisión en esos últimos metros, le faltó el gol del ensueño. La intensidad descabellada desplegada debió premiar con más. Si tan solo Turan hubiera visto el segundo palo donde llegaban dos jugadores solos en vez del primer palo, si Costa hubiera utilizado un poquito menos de fuerza en el cabezazo, si hubiera logrado concretar esa contra….

 

El derbi de Madrid ha vuelto a existir. Es ese partido en el cual cualquier equipo puede ganar y en el cual se libran verdaderas batallas en el campo. Es ese partido en el cual ambos conjuntos llegan igualados en la tabla y no uno peleando Europa League y el otro la Liga. Es un partido que ya no es el premio consuelo de una nefasta temporada del Atleti. Ahora ambos equipos se miran a los ojos, sin risas, sin bromas, sin humillaciones, pero con respeto y gloria. Porque ambos, utilizando diversos mecanismos, la tienen. Puede que el Atleti pierda eliminatorias por 0-5 frente al rival, que tenga malos días pero este equipo ha demostrado que con su once de gala y contra 15 jugadores es capaz de competir y ganar el derbi. Porque otra cosa de los derbis es que siempre jugaremos contra 15, y el que no esté preparado para hacerlo que no entre a jugarlo.

Hay rabia, hay impotencia pero hay un camino en el cual crecer. Y lo que más me gusta es que todos están montados en este vagón que va directo a la gloria del Atlético de Madrid. Así es más fácil soportar y responder la mentira de la verdad y de lo establecido. De aquí a fin de temporada al Atleti le caerán insultos, muchos errores arbitrales con el objetivo de ayudar a los de siempre, obstáculos de toda índole y el papel de juego brusco. Pero de aquí a fin de temporada,  el Atleti sabrá que es uno de los mejores equipos del mundo y que su verdad no será trastornada por lo externo. Mientras el Atleti sueñe bajo el mando de Simeone, será difícil anestesiarlo y hacerlo dormir. Será imposible que vuelva a vivir en lo más profundo de la caja de Pandora.

Nos vemos en Vigo.

Twitter: Colchonero2012

E-mail: atleti2012

Fotos: Infiernorojiblanco.com (Facebook)

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