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Leo los principales diarios digitales y escritos del domingo, y no puedo evitar sentirme orgulloso de mi equipo. Ahora el Atlético de Madrid no solo es ese equipo respetado por casi todos sino que también ha cobrado un protagonismo mundial. Su papel no se limita a un tercer puesto de la Liga española (posición que también sería muy digna) y a recibir día tras día la desconfianza de muchos de que finalmente terminaría a decenas de unidades del Real y el Barcelona. Los medios de prensa, los hinchas y el entorno futbolístico lógico y racional confían en este Atleti. Cree en este equipo rojiblanco y lo admiran por su deportividad, competitividad, honorabilidad, responsabilidad y demás valores que representan a Simeone. Valores que este Atleti posee y que si se aplicasen a la vida real, el mundo sería mejor. El Atleti y el “cholismo” terminan siendo una corriente que si la gente lo aplicase a su propia vida, esta mejoraría y también la de muchos otros. Me siento orgulloso, una vez más, de que mi equipo pueda hacer de este mundo algo mejor.  Ya no solo es una motivación interna, una guía, una droga sana y recomendable para los propios aficionados colchoneros, sino que además puede llegar a cualquier persona (así le guste el fútbol o no) para enseñarle que con valores las cosas también se pueden lograr. A pesar de los problemas que presenta la vida y el propio Atleti (para que vean que el fútbol tiene algún vínculo con la vida trascendental) como la crisis económica, de directivos corruptos, de desigualdades en todo sentido, de injusticias, con los valores que derrocha el Atleti, existe un camino. Simeone guía ese camino y cualquier persona no puede esconder sentirse identificada.

 

Cuando escribí la primera crónica en este blog mi meta era acompañar al Atleti a que llegase a ser el mejor equipo del mundo. No ha llegado todavía pero está en el camino correcto. Y está cerca. A pesar de que es inmenso lo que han logrado, quiero más. Después de todo lo que hemos pasado y estamos logrando, esta temporada tiene que cerrarse con un título.

No nos podemos quedar en la mitad del camino. No quiero que este Atleti se quede en el “casi” como le ha pasado a muchos equipos humildes y del mismo traje que tenemos ahora. Simeone querrá esconderlo pero sabe en su interior que el título es posible y que debe lograrlo. Debe lograrlo porque es un tipo que no se conforma y que quiere darle todas las alegrías que pueda a los atléticos para mejorar este mundo. Porque quiere devolver al Atleti a su sitio histórico, y si puede, mejorarlo. A pesar de que en teoría no tenga que lograrlo por todos los males que nos aquejan. El equipo rojiblanco es un equipo enfermo por su directiva nefasta y posiblemente corrupta pero ni eso lo frena.  

 

 Lo que vi el sábado fue algo más que un partido de futbol. Era el reflejo de lo que es mi equipo. Intensidad, esfuerzo, derroche de energía, desgaste, disciplina, justicia (porque Simeone, entre sus numerosas cualidades, también es justo), garra y corazón. Miles de gargantas alentando como siempre deberían hacerlo por un equipo que comenzó totalmente enchufado y poniendo contra las cuerdas a esa leyenda llamada Barcelona. Luego, tocó el trabajo sucio. Los once rojiblancos atentos a cualquier posible ataque rival y más atentos aún a los posibles contraataques que podían crearse. Ningún equipo generaba grandes situaciones de gol pero ambos jugaban con la sangre en los ojos. El Atleti podía mirar a los ojos a un equipo que tiene de partida “400 millones más” que el Atleti y no contento con tener al mejor jugador de Europa (Messi), trajeron al mejor de Sudamérica. Pero no solo era ese respeto y competitividad media que al final lleva a que pierdas “dignamente”. Era una competitividad capaz de vencer realmente a esa leyenda andante y de colocarse como puntero absoluto. Con la intención de quedarse. 

Arda Turan fue el jugador diferente y el líder que marcó la diferencia en nuestro equipo. Una función que en varias ocasiones no ha podido lograr pero que Koke lograba suplir. Esta vez el canterano estuvo bien en defensa pero no pudo sumarse y asociarse con Arda. Ahora quiero que hablen todas esas personas que negaban la necesidad de Diego Ribas para el Atleti y decían que con Koke y Óliver bastaba. El segundo ha demostrado que todavía le falta mucho y el primero ha cumplido una magnifica campaña, pero como cualquier ser humano necesita descanso. Pero nadie puede hacerlo descasar ya que no tiene un recambio de su nivel. Diego lo era. No es oportunismo, es una realidad que se lleva viendo en muchos partidos en el cual además de intensidad y desgaste, se necesita control del balón. Para competir en las altas esferas del fútbol de élite, dos “jugones” no bastan. Gabi y Tiago se sacrificaron como si fuera el último partido de su carrera. Por eso es importante el partido a partido de Simeone, porque se afronta cada partido como si fuera el último y así, mes tras mes, puedes verte con las posibilidades intactas de Liga, de Copa y de Champions.

 

Daba mucha admiración ver a Villa correr por todos los balones a pesar de la frustrante situación de no poder hacer lo que mejor haces: los goles. Lo que sucede es simple y es difícil pedirle más. Su última campaña en el Barcelona no fue de las mejores pero allí el no corría detrás del balón, recibía en el área pases magistrales de Xavi, Iniesta, Messi y utilizaba su gran talento para hacer resonar el Camp Nou.  Ahora, con más años y desgaste encima, tiene que hacer un gran sacrificio defensivo (que antes no realizaba de tal manera en el Barcelona) y además sumarse al ataque. Difícil, muy difícil. Los delanteros viven de los goles y ahí la crítica al delantero. Más aún cuando se le compara con el jugador de al lado, Diego Costa, una pantera que realiza las dos funciones y las hace bien.

 

En el segundo tiempo el Atleti pudo lograr la gesta. Estuvo cerca y por un lapso de 15 minutos dominó las acciones de ataque. Un asedio rojiblanco para batir a Valdés. Un asedio rojiblanco para compensar , vengar y limpiar el escudo que había sido escupido por los blaugranas esa noche del 0-6. Esa noche en el cual se burlaron del Atlético de Madrid. Todos participaron de esa pesadilla, los rivales, nuestros propios jugadores, nuestros propios hinchas y la prensa. Hinchas con bufandas rojiblancas que celebraban los goles contra su propio equipo, jugadores rojiblancos sonriendo de vergüenza tras cada gol, un Niño que veía como su Atleti era humillado y decidía partir para no volver. Ayer se recogió esa dignidad, honor, vergüenza y profesionalidad. Ayer Simeone nos enseñó una vez más el camino. Ayer, nos dimos cuenta una vez más, que mientras el argentino siga vinculado al Atleti, el fuego de la esperanza nunca se apagara. 

Twitter: Colchonero2012

E-mail: atleti2012@hotmail.com 

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