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Tres defensores iban a la caza del “maricón” Costa (apodado así por un sector de la afición rival) con la intención de quitarle el balón por las buenas o también valiéndose de esa viveza que ha caracterizado a muchos futbolistas a lo largo de la historia. Tres tíos decididos a anular al complemento de Villa. A este último lo habían dominado durante todo el partido por más méritos del delantero que de sus antagonistas. El hispano-brasileño sentía los latidos y la respiración de los tres cazadores, no había salida para ambos. Era la pelota o él, pero sin ella. Tal vez por los tifos, los premios y la propaganda que hacen de Cristiano Ronaldo mucha gente piense que el fútbol se resumen en un único jugador. No hay cosa más falsa que eso. Y el Atleti volvió a demostrarlo. Una vez más, Costa fue más astuto que el resto y vio que los tres defensores no tenían otra perspectiva que su figura.

 

Mientras tanto, había un jugador caído en desgracia que esperaba completamente solo para anotar. Que el fútbol no era solo Costa, que los colchoneros no girábamos en torno a él, que su éxito también se debía al resto de sus compañeros y que alguna vez él también había estado en la posición de ese jugador que esperaba libre el pase. Que el pase le iba a impedir anotar un gol casi imposible, pero iba a servir al bien colectivo. Y desde la llegada de Simeone, ese bien colectivo también es bueno para cada uno. Si el grupo está bien, tú estás bien. Si tú estás bien, eso no significa que el grupo este bien. Pero no puedes estar bien si el grupo no lo está. Un trabalenguas que al descifrarlo le ha cambiado la vida a muchos colchoneros. Gracias a eso prendo el TV y siento ese impulso por seguir luchando. Veo a un equipo llamado Atlético de Madrid en lo más alto de la tabla y se convierte en una motivación para los españoles, en esta época de desgracias, (por más que el fútbol sea para muchos algo muy pequeño dentro de lo trascendente) para salir, por más difícil que sea, de su situación producto del desempleo. Se convierte en una motivación para cualquier rojiblanco frente a cualquier circunstancia.

Mientras Costa analizaba su gran acción, Adrián se preparaba para rematar. Pero dentro de su sangre no lo creía posible: anotar un gol tan clave para el Atleti. No lo había hecho a lo largo de la temporada y no creía poder hacerlo ahora. Ya había errado una ocasión frente al portero antes y era demasiada responsabilidad para tan poca confianza. Una confianza que le sobraba hace ya más de un año y medio pero que ahora se ha convertido en su añorado pasado. Un pasado que le ha permitido mantenerse en el Atleti pero que ahora lo acecha como su fantasma negro. Lo que fue y lo que busca volver a ser. No sé si lo logre.

 

Para suerte suya, había otro rojiblanco listo para el rebote. Un jugador que destilaba confianza, seguridad y que no tenía miedo. Esa era su jugada y el gol de los miles de rojiblancos que veían el partido. Cuando suceden circunstancias dramáticas, el tiempo se detiene. El arquero estaba fuera de su portería y un tiro preciso de Koke nos daría la victoria, el liderato y el optimismo de que el próximo sábado podía ser el día. Tenía muchos cuerpos delante suyo decididos a mantener la ilusión de los suyos. Una ilusión que se había mantenido durante 70 minutos por un planteamiento muy defensivo más cerca del empate que de la victoria. Sin embargo, cuando juegas contra equipos “grandes” tienes las de perder así te vayas al ataque como un mastodonte o te defiendas con todo un ejército en tu base. Y el Atleti sin hacer un partido con grandes ocasiones ni elaboración de pases pero sí con mucha disciplina defensiva y pelotazo, veía su oportunidad. Koke, con su talento para pensar más rápido y mejor que sus adversarios, no decidió por el pelotazo desesperado. Observó el pequeño espacio a ras del césped y como un jugador de boliche, lanzó el balón sin elevarse del suelo pero con un destino fijo. El único hueco libre por donde la pelota podía pasar y el punto más alejado de todos los adversarios. Luego la cámara enfocaría a Villa y muchos pensaríamos que el asturiano era el gran protagonista, pero había sido otro. Perdón, habían sido todos. Hasta Óliver, que solo duró un tiempo al hacer un papel bastante pobre.

 

El surrealismo había empezado desde hace mucho pero cada vez toma más forma. Esa obra de arte que Simeone está elaborando, pero que se niega una y otra vez a aceptar lo que puede llegar a ser, ha entrado en su recta final. Lo más bonito de todo es que ese surrealismo puede volverse real. El próximo sábado veremos si puede seguir creciendo. Pero antes hay que ajustar un detalle porque sin eso no llegamos al Calderón el próximo fin de semana. Falta divisar Mestalla en el cuadro.

Nos vemos en Valencia

Twitter: Colchonero2012

 E-mail: atleti2012@hotmail.com

Fotos: Infierno Rojiblanco

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