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Veía mediante una señal de internet el Calderón y el partido. Por la baja calidad, resolución o señal estaba muy lejos de ver el partido por HD. Sin embargo, esto me hizo acercarme a los partidos del doblete del 95-96. Así era la señal de esa época y la pinta del Calderón. Mientras se acercaba cada vez más el título el estadio se abarrotaba y el empuje, inercia y el buen juego despedazaba a rivales que llegaban al feudo rojiblanco. Al menos eso es lo que escuché, lo que me contaron y la visión que tengo de ese título. El partido de hoy estuvo muy cerca de ser uno de “esa época”. Once tíos rojiblancos jugando al fútbol como se debe, a una hora adecuada para el aficionado, un estadio que esta vez sí se puede decir que contaba con los 54 mil espectadores y con unas gargantas que sí estaban dispuestas a sacrificarse por el equipo. Un tifo increíble para comenzar la cacería rojiblanca del gol cerraba el círculo triunfal. No viví la temporada 95-96 ni demás temporadas gloriosas de antaño e incluso pueda que tenga una visión errada e inexacta de esos momentos, puede que el recuerdo de experimentados rojiblancos haya “embellecido” esos momentos tras la farsa de principios del nuevo siglo (empates, derrotas, irregularidad y estadios semi-vacíos) pero es a lo que aspira este equipo. El equipo de Simeone y la hinchada espera que este equipo se asemeje a ese ideal o a esa imagen que se ha formado del antiguo Atleti: guerrero, con coraje, con intensidad pero buen juego y con un compromiso, identidad y sacrificio inmenso. No el buen juego de los toquecitos, sino el vertical con dinamita allá arriba, con seguridad defensiva y con la pelota parada como arma perfecta. Como un equipo arrollador que va disminuyendo al rival hasta desvanecerse sobre el campo. Como un equipo que le enseña a sus seguidores cual es el camino de vida y que hace que estas sean un poquito más felices y motivantes. Eso es lo que llevan haciendo nuestros jugadores desde la llegada del argentino y lo que han hecho hoy.  

 

El Bilbao no es cualquier equipo pero en este partido el problema no fueron ellos, fue el Atleti. Criticar destructivamente al rival por solo haber generado una opción de gol en todo el partido es injusto porque al frente tenía a un equipo que ya le sacó kilómetros de distancia.  Es una realidad que el Atleti es más que cualquier equipo del 4to al último lugar de la Liga Española. Puede que algunos partidos se palmen y se pierdan puntos, pero globalmente y por juego colectivo (y rendimiento individual) hemos sacado una diferencia sobre la base de esfuerzo y profesionalidad mas no de dinero. No es presumir, es contar la verdad y ver todo lo que ha logrado este equipo que cada día se pone el tope más alto. Y es un ejemplo para todos los demás equipos (que son todos los de la Liga Española menos lo dos de siempre) que al igual que el Atleti tenían limitaciones de partida por el desigual trato al Madrid y Barza.

 

El rodillo comenzó cuando Juanfran y Adrián comenzaron a adueñarse de la banda derecha y combinar hasta que algún delantero se decidiera en encajarla. Ese fue Villa que remató sin marca e inició el camino del triunfo. El Guaje, como el mismo lo ha dicho, está recuperando su plenitud física y vaya de qué manera. En siete días ha anotado cuatro goles, ha generado dos penales y una asistencia. Al parecer todavía queda mucho en el sótano del Guaje que podrá complementar a Costa en el protagonismo de ataque. ¿Cómo afronta una defensa rival tener a Villa y Costa enfrente? ¿A quién concentrar las marcas? ¿Cómo no dejar escapar al otro crack? Si Adrián sigue en su camino de progresión futbolística y llega a ser por lo menos la mitad de lo que fue en la temporada de la Europa League la delantera rojiblanca será una de las más temidas del continente, si es que no lo es todavía. El segundo gol iba a caer, solo era cuestión de minutos. La sensación de saber que el triunfo no se escapará y que el único dilema es saber cuántos goles hará el Atleti es otro mérito del Cholo: la capacidad de asegurar y cerrar los partidos. Íbamos por delante por un gol pero los aficionados sabíamos que el empate estaba a millas de distancia mientras que el segundo estaba muy cerca. Y como no, apareció Koke que vio al futuro delantero de España con un mínimo de espacio y frotó la lámpara. 2-0, partido cerrado y otra lección del ideal de lateral moderno: Filipe Luis y Juanfran. Vaya trenes.

El segundo tiempo fue el juego de un equipo que se sabía ganador y otro que se sabía perdedor. Diego Costa pudo aumentar su cifra goleadora pero dio una lección a esos delanteros individualistas y mezquinos de otros equipos europeos de elite y cedió una posibilidad de gol para que un compañero anotara. Lamentablemente,  el Cebolla y el ingresado Raúl García no tuvieron la precisión de un Costa. Se cerraba el telón y los asistentes tenían la sensación de ya haber vivido eso antes. Esa sensación de alegría, triunfo y confianza que ya habían sentido antes. Esa sensación que la viene teniendo desde la llegada de Simeone. Muchos pagarían por tenerla. Nosotros la tenemos cada domingo-miércoles, y no es para nada desagradable.

Nos vemos en el Calderón.

Twitter: Colchonero2012

E-mail: atleti2012@hotmail.com

 

 

 

 

 

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