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“Primera revolución de los equipos sometidos. 17 de mayo del 2013. Real Madrid 1 vs Atlético de Madrid 2”

 “Segunda revolución de los equipos sometidos. 21 al 28 de mayo del 2013. Dignidad. Atlético de Madrid vs Barcelona”                                                                               

Cuatro horas después del partido, era el momento. Por fin iba a poder ver el partido del Atleti (en modo repetición) pero a pesar de los efectos de la globalización (que genera que te puedas enterar por cualquier voz de la calle el marcador segundos después de este) yo no sabía el resultado final. No había querido saberlo ya que quería sentir y vivir el partido. Desde que comenzó el partido (que por circunstancias académicas no podía ver en directo) apague mi celular y todo dispositivo móvil para evitar que amigos aguafiestas me dieran el marcador y me “malograran” la final. En la calle, bastó tener unos parlantes con máxima potencia para evitar enterarme del “score” por radios de restaurantes o de vehículos. Cuatro horas después del inicio del partido estaba parado delante del televisor. Esas horas fueron desesperantes al no poder acceder a redes sociales ni prender el televisor o entrar a alguna página web ya que en todos estos canales encontraría el resultado del partido. Los efectos de la globalización. Pero lo había logrado. Valía la pena hacer ese gran esfuerzo para “sentir” la final ya que el Atleti me había demostrado que lo merecía. Que podían callar bocas una vez más y que ese “cuento de hadas” que inició en enero del 2012 podía continuar. Que este cuento de ficción en dónde siempre había ganado el defensor de los “sufridores” (al Bilbao, Chelsea, Real Madrid) podía seguir. Porque si el próximo miércoles el campeón va de rojo y blanco comenzaré a dudar si en realidad todo esto es verídico. Si en verdad el Atleti y sus aficionados nacieron para vivir en esta vida tan corta, a veces injusta y limitada o si es una película en donde el protagonista siempre gana cuando parece que todo está perdido. Volveré a cuestionar si en verdad existen cosas imposibles, a pesar de que ya casi este convencido de que todo es posible. Si es que nuestra vida no puede combinarse con la ficción. Con la ficción en la cual “el bueno” siempre gana. En la cual el Atleti siempre gana.

Minuto 1. Si una final ya es apasionante y te genera un nerviosismo enorme imagínense cuando lo vez y sabes que todo el mundo ya se enteró del resultado. Cuando sabes que el Atleti puede haber ganado 3-0 como haber caído goleado y uno como un hincha apasionado ha evitado saber lo que ya todos saben. Si Dios existe, se debe haber reído de mí, de un apasionado viendo de la manera más nerviosa y tensa posible un partido de fútbol que acabó hace cuatro horas.

El partido se desarrolló como presentía. A estas alturas ya todos deben haber visto análisis escritos y televisivos del partido. No los aburriré más porque presiento que hay una homogeneidad de pensamiento en la afición colchonera: el Atleti hizo que un equipo que posee al mejor jugador de Europa y al mejor jugador de América (realmente espeluznante cuando hay otros equipos españoles que luchan por no desaparecer) se sienta desesperado y frustrado. Que sienta ese pavor en su sangre y esa adrenalina. Que sienta miedo. David Villa, demostrado toda su calidad, abría el marcador con una jugada que debería quedar por los siglos de los siglos en la historia del fútbol. Porque esa jugada es el símbolo de los equipos sometidos al poderío mediático y económico del Real Madrid y Barcelona. El símbolo de rebeldía. Las victorias de los alemanes no son el símbolo. No son el símbolo ya que en este mundo los equipos que tienen directivas tan buenas, serias y honestas como las del Bayern y Dortumund son pocas. En este mundo predominan equipos como el Atleti. Equipos económicamente y en calidad de futbolistas “pequeños”, “sufridores”, “sometidos” a los cuales sus futbolistas o directivas los han llevado a la decadencia o mediocridad. Equipos que tienen que vender para sobrevivir. A esos equipos representa el Atleti. La elaboración de la jugada (como se le debe jugar al Barcelona), el éxtasis, la pegada y la celebración de un ex blaugrana que se ha dado cuenta que un equipo con hinchas “trasnacionales”, oportunistas y ficticios nunca le llegará a los talones a la afición del Atlético de Madrid hablan por sí solos. Gol simbólico y muy agradable para la vista.

Estos son los momentos más bonitos de este deporte. El balón rozaba las redes y daba ese grito que te sale del interior. Ese preciso instante en el cual dejas de pensar y te dejas llevar por toda la emoción contenida. Por ese sueño del triunfo que lo veías tan lejano pero que ya no se ve tan lejos. Que es real.  Y así creí en el triunfo. Y creí en el  “hack trick” de Villa. Me acordé de todo el esfuerzo que había hecho para evitar saber el resultado y no me arrepentí. El Atleti ganaba, gustaba y controlaba el partido. Tal vez nuestra vida si podía tener un poco de ficción. Vuelvo a ver el marcador y es verdad. No es ficción, no es mentira. Estamos cerca del título.

El tiempo pasaba y el Atleti mantenía la ventaja. Las cosas mejoraban cuando Messi salía del terreno de juego por lesión. Cuando el “oficialmente” mejor jugador de Europa se iba al banquillo. Pero evidentemente era el Barcelona y alguna ayuda tenía que tener. Fábregas jugaba gratis lo que causaba ira en los atléticos, pero también carta libre para cometer falta tras falta sin recibir la segunda amarilla. Porque el árbitro no se atrevía a expulsar a un colchonero después de haber visto golpes de Fábregas sobre los colchoneros y no haber hecho nada. Y ocurrió lo normal cuando un equipo posee el dinero “bruto y achorado” y puede sacar al mejor jugador de Europa  para que entre el mejor de América. Cuando tiene ingresos para regalar mientras que otros mendigan de las sobras. Cuando tiene el apoyo mediático y económico. Cuando tiene una economía lujosa y unos presidentes que hacen medianamente bien las cosas. Cuando tiene al mejor jugador de América en el banquillo. Cuando su actual directiva no ha sido condenada por apropiación ilícita del club.  Cuando una directiva se refuerza para mejorar y otra vende pero no compra. Cuando uno está embargado y otro no. Cuando puede gastar en un jugador 6 veces más de lo que ha gastado su rival en contrataciones. Cuando tiene una directiva que se ha encargado de desarrollar un estilo de juego a lo largo de los años mientras que la de su rival ni siquiera sabe cuándo fue la última vez que su club campeonó una liga. Neymar empataba el partido de cabeza. La ficción comenzaba a desaparecer de la vida real. Y uno se pone a pensar que hubiera sucedido si en el Atleti se habrían hecho solo un poquito mejor las cosas. Si con tan poco hemos logrado tanto, ¿qué pasaría su tuviéramos condiciones decentes?

El ingreso de Óliver Torres fue el claro signo de lo equivocado que estaban todos los que creían que él podía asumir el papel de “cerebro”. ¿Cómo esperan que un chico que ni siquiera ha jugado de titular una temporada entera pueda hacer algo en una final contra el Barcelona? No tiene la suficiente preparación para ser el líder, para ser el “bombero” del Atleti y tampoco lo podrá hacer cuando lleguemos a instancias finales de Champions. Por ahora sólo es un complemento, no la pieza principal. Una pieza principal, que desde que se fue Diego, sigue faltando. El otro aspecto que me parece de broma es todo el escándalo que se ha armado por los gestos de Godín de darle a Messi en su lado débil. ¿Desde cuándo para los periodistas es imposible pegar en el fútbol? ¿Por qué se muestra una “intención” de foulear a Messi como si fuera el fin del mundo cuando todos ignoran las patadas que recibe Diego Costa todos los partidos? ¿Por qué no se escandalizaron tanto cuando el “mejor jugador del mundo” anotó uno de los goles más tramposos de la historia frente al Atleti en febrero del 2012? ¿Por qué nadie se acuerda del mecherazo que recibió Courtois en el Bernabéu por parte de la afición del Madrid y se “mueren” al ver que Messi puede recibir una falta en un deporte de contacto? Saquen sus propias conclusiones.

Si el Atleti se quedaba con el triunfo, nadie hubiera podido decir que fue injusto. El Barcelona además de la ocasión del gol del brasileño, solo tuvo una jugada clara de gol. Nada más. El Atleti no se lo permitió. Fue un equipo que jugó un partido perfecto y que dejó alma, corazón y vida en el campo. No se le puede recriminar nada. La llave sigue abierta y si el Atleti si no se lleva el título, “perderá ganando”. Porque es un equipo con la sangre en los ojos. Porque es un rebelde con causa que quiere reformar una liga española abusiva y que ya no existe como tal. Que lucha contra todo y contra todos. Que sabe que es una real amenaza. Que es el mejor equipo del mundo.  

Twitter: Colchonero2012

E-mail: atleti2012@hotmail.com

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