Domingo 28 de Julio, cerca de las 8:30p.m. Estoy exaltado y ansioso, en cualquier momento puede salir algo que me diga que esto es realidad. Y ocurre. Apretó F5 para refrescar el twitter y me doy con lo siguiente: “Hola Perú. Buenas Noches”, Filipe Luis. Están aquí, es mi gran oportunidad, mi gran sueño. Tengo poco más de 72 horas para lograrlo.

Era mediados de junio y se confirmaba el rumor que tanto había esperado: el Atleti venía a Lima a jugar un amistoso por la Copa Euroamericana contra Sporting Cristal. Mis ídolos iban a pasar de estar a océanos de mí, a estar a centímetros si es que lograba dar con ellos. Vaya que lo haría. Lo primero que hice fue ver los lugares en los cuales podría tener contacto con ellos. Hoteles, lugares turísticos,  lugar de entrenamiento, entrada al estadio, entre otros. Me lo propuse como meta. Al igual que cuando anuncie que el Atleti ganaría la final de Copa, todo el mundo se partió de la risa cuando anuncié: “Le escribiré una carta a Simeone y se la entregaré en la mano”. ¿Acaso no había sido lo mismo en la previa de la final? Casi todos creían que ya había ganador. Pero demostramos que somos un equipo diferente y si el Atleti había logrado la gesta, yo también podía hacerlo. Yo también podía entregarle mi carta al Cholo.

Compre el boleto en occidente baja, para estar lo más cerca de los jugadores en el estadio. Ese era mi último recurso. El Atleti llegaba el domingo en la noche y se iba el jueves por la mañana, el partido era el miércoles. Pero para lograr mi meta no iba a esperar al día del partido. Después del tweet de Filipe, me fui a dormir con toda la emoción de que el siguiente día podía ser un día glorioso. Y así lo fue. Mi padre me despertaba con exclamaciones de las que solo escuchaba una palabra: “Rimac”. Lo capté de inmediato, estaban ahí, estaban entrenando en el complejo de Sporting Cristal, en el Rímac. Todos los integrantes de mi hogar sabían de la venida del Atleti, y teníamos televisores, computadoras y radios prendidas para saber algún lugar donde podría hallarlos, a pesar de que el único hincha era yo. Me desperté y tomé uno de los baños más rápidos de mi vida, me puse la camiseta y la bufanda del Atleti, la carta en el sobre manila que tenía y ya solo faltaba la cámara. Es común que cuando no necesitas algo siempre esté disponible y que cuando lo necesites de urgencia, te falle. No fue la excepción. La batería de la cámara estaba en rojo pero no había tiempo para cargarla. Los jugadores podían terminar de entrenar e irse en cualquier momento sin que yo llegara. Mierda. La apagué y me encomendé al destino para que resista lo suficiente si daba con mis ídolos. Salimos con mi padre directo al lugar.

En la movilidad me enteraba de que el ecuatoriano Benítez había fallecido. Noticia dura para el fútbol por la muerte de un gran jugador. Simeone ha hecho al Atleti tan grande que de ser un equipo “invisible” en Sudamérica, ahora ya es respetado por cualquiera. “¿Sigue entrenando el Cholo? Están jugando muy bien”, comentaba el conductor. Mi corazón palpitaba cada vez más rápido mientras nos acercábamos al lugar. En pocos minutos, ya estábamos allí. El único obstáculo era la puerta celeste de la sede. Si lográbamos entrar, lograría uno de mis sueños. Bajamos del auto y nos acercamos al guardia de seguridad que controlaba el acceso. Efectivamente estaban allí pero nos cayó un balde de agua fría.

Cristal informó que menor fallecido “sufrió un paro cardiorrespiratorio”<br /><br />

 “Solo entra gente autorizada”. Órdenes mayores. Imposible convencerlos. Los intentos por entrar no tenían resultado positivo. Nos quedamos esperando en la puerta de la sede por dos horas mientras veíamos como los periodistas entraban con sus credenciales al igual que los de mantenimiento. Ellos sí podían. No tenía el contacto de ningún periodista deportivo, nadie me iba a poder hacer entrar. El guardia, que no nos miraba bien, nos dijo “No los esperen. Se quedan a dormir acá”. Y Enrique Cerezo es honesto, pensé. Ningún equipo de ese nivel se queda a dormir en una sede de entrenamiento. “15 minutos más y nos vamos”, concluimos con mi padre. Íbamos a tener que buscar otra forma de encontrarlos. No había nadie más esperando afuera, ningún rojiblanco. Yo era el único “loco”. Pero el destino me agradeció como debía.

Estaba viendo alguna forma de trepar por los muros para ingresar cuando repentinamente se abrió el portón. Dos motos de policía, una camioneta y un bus. Vi por la ventana más próxima a un señor canoso con poco pelo. El profe Ortega. ¡Eran ellos! Comencé a gritar y a mover mi bufanda como un loco para que se dieran cuenta que estaba allí y así lo hicieron. El bus salió rápido pero me quedo con el gesto de Mario Suarez al verme por la ventana y que nunca olvidaré: una sonrisa con el pulgar levantado. Me quede conmocionado y anonadado por el saludo (como un niño de 8 años cuando le regalan su juguete preferido) mientras el bus se alejaba pero mi padre me hizo reaccionar e hizo una pregunta básica que de la emoción me había olvidado por completo. ¿Quién mejor que los periodistas que fueron a cubrir el entrenamiento para obtener su lugar de alojamiento?

Nos acercamos a un vehículo de unos periodistas de un canal reconocido en Lima, que habían llegado tarde y no los habían dejado entrar. ¿Dónde están hospedados? En el Westin. Esa pregunta cumpliría mi sueño. Rebuscando en Internet habíamos encontrado que regresaban a entrenar por la tarde. Almorzarían en el hotel. Teníamos que ir allí pero teníamos un poco más de tiempo para pensar la estrategia. Regresamos a mi casa, almorzamos y nos alistamos para ir al hotel. Puntos clave: 1. Taparme con mi polera la camiseta del Atleti para entrar al hotel sin que piensen que era un aficionado. 2. Llevar la cámara bien cargada. 3. Esconder la bufanda en un bolsillo. 4. Si preguntaban para que íbamos, responderíamos que almorzaríamos en el restaurante del hotel, no nos podrían prohibir de eso y era una excusa perfecta para entrar sin estar hospedados.

Llegamos y nos topamos con el bus afuera del hotel. Estaba esperando a los jugadores para partir. Habían dos agentes de seguridad resguardando. Analicé la posibilidad de esperar afuera porque los jugadores tarde o temprano tenían que salir del hotel y entrar al bus. En esa caminata hacía el vehículo podría aprovechar. Pero la descarté. Nos armamos de valor con mi padre e ingresamos al hotel. Fue más fácil de lo que parecía, nadie nos dijo absolutamente nada. “Ya estoy aquí”, pensé, estoy cerca de lograrlo. Nos sentamos en el lobby como si fuéramos huéspedes y nos percatamos que al costado había un joven con una casaca del Atleti hablando con un amigo. ¿Será hincha? ¿Será jugador?

Se le acercó un señor mayor, venía con su esposa, al parecer. Le comenzó a hablar y de su conversación escuché “A las cuatro menos cuarto deben de estar bajando”. Efectivamente, el chico de casaca era parte de la delegación del Atleti, un juvenil, pensé.  El señor mayor le enseño unas fotos (interrumpiendo así la conversación que estaba teniendo el jugador con su amigo), parecían de antaño. ¿Quién será ese señor? ¿Sera del Atleti? Luego me daría una agradable sorpresa. Eran las tres, faltaban 45 minutos para que bajaran mis ídolos de sus cuartos. No me decidía a pedirle una foto a ese juvenil, pero luego todo se hizo más fácil. Se nos acercó su amigo y le dijo a mi padre si les podía tomar una foto. Era mi oportunidad y no dudé en pedirle una foto, la cual aceptó con tranquilidad. Nos tomamos la foto y luego le pregunté su nombre a lo que respondió: Leandro. ¿Quién será Leandro?, pensé, a lo que mi padre replicó, ¿y tú apellido?, Cabrera. Me quede perplejo. Si había escuchado del él, lo había visto en todas las alineaciones del PES en el Atleti como suplente. No pasó mucho tiempo para que mi corazón dejara de latir de manera impresionante. A los pocos minutos, cuando no acababa mi asombro, escuché ruido atrás. Di la vuelta y miré al pasillo………….. Diego Simeone ¡La que los parió! Me acerqué rápidamente pero no tuve que gritar. Unas diez personas lo habían rodeado y esperaban su turno para las fotos. Tuve la foto, hable con él, y le entregue la carta. Este encuentro con el Cholo está relatado en mi crónica anterior con más detalle: https://aupaatleticodemadrid.wordpress.com/2013/08/09/conversaciones-con-el-idolo-simeone/.

IMG_1084[1]Simeone con una señora del hotel. 

Me acordé de todos los que habían bromeado y a los que les taparía la boca. Había conseguido lo que me había propuesto. Una vez más. Después de mi ligera y frustrada conversación con él (lean la crónica anterior), estaba nervioso, exaltado y me acordé de una frase de un fotógrafo periodístico: “Un momento casi orgásmico”. Solo era el comienzo. Faltaba que pasaran los jugadores por el pasillo. El señor mayor se acercó con su esposa. ¿Tú eres hincha del Atleti o solo te gusta cómo juegan?  Soy hincha, hincha de verdad, respondí.  ¿Sabes quién soy yo?, me preguntó. Sacó las fotos que le había enseñado a Cabrera antes y me quedé asombrado: Era Mario Vega, futbolista que jugó en la selección peruana así como en el Atleti, en el Sevilla, el Racing de Santander, entre otros. Quería encontrarse con Clemente Villaverde, compañero de equipo por los 70 (lo lograría momentos después) y su esposa quería una foto con Villa, pero le quite sus ilusiones: “Villa no había venido a Lima, se había quedado entrenando en España”. La señora entendió, “Si pues, la Liga va a estar más difícil este año”. Y tiene toda la verdad.

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Estábamos nosotros cuatro esperando (mi padre, yo y la pareja) a los jugadores. Vi una sombra salir del pasillo y grité apenas lo vi, grité: “Diegooo”. Era Diego Costa. Me sonrió, se acercó, y aceptó las fotos con una alegría característica de todos los brasileños. Cuando le pedí a mi padre la cámara para ver la foto, su mano temblaba de los nervios. Ver en carne y hueso a tus ídolos, a los jugadores que vez por TV todos los fines de semana no se da todos los días. Luego pasó el Mono Burgos de una manera tan rápida que no pude llamarlo ni detenerlo. Se fue a fumar afuera (en el estadio también lo haría) pero corría el riesgo de que si salía tal vez no me dejaban volver a entrar, y ¡faltaban que pasen por el pasillo casi todos los jugadores! No iba a arriesgarme. El siguiente en salir fue Gabi. Se sorprendió cuando lo llamé y me dio la foto. “Pueshhh vale”, me dijo. En esos momentos mi cerebro ya estaba por los aires. Llegar ahí y lograr mi sueño no había sido suerte, había sido dedicar tiempo e investigación para dar con ellos. No salía el nombre del hotel en ningún medio. Si no hubiera esperado dos horas en el Rímac, no hubiera podido dar con el hotel. Justo cuando me tomaba la foto con Gabi, pasaba Adrián atrás. Era uno u otro, ya estaba con Gabi. Ahora pienso que hubiera podido alcanzar a Adrián si corría y lo llamaba, pero no era bueno generar alboroto en el hotel, más aún cuando ni siquiera estaba hospedado. Podía ser expulsado.

Llegaron los de seguridad al pasillo. Ya no iba a ser tan fácil tener las fotos. Todo empeoró cuando apareció Demichelis. Por impulso propio lo llamé y me acerque hacía él, casi interceptándolo. Me aceptó la foto pero los de seguridad se lo tomaron a mal. Me dijeron: “Tú te quedas en este costado y los llamas. Si ellos te aceptan la foto y se acercan, normal, si no se acercan tú no te mueves de tu lugar”. El siguiente fue Courtois. He tenido clases de francés y no creo que haya pronunciado su apellido tan mal en dos ocasiones para que no me haya escuchado estando a dos metros míos. No es que no me escucho, no quiso escuchar mis llamados y siguió caminando sin siquiera voltear. Perdí esa foto.

Momentos más tarde, se acercó un miembro del hotel. Su mensaje fue claro: “No más fotos”. Yo ya estaba satisfecho con lo que había conseguido: foto, conversación y carta al Cholo al igual que foto con Diego Costa, Demichelis, Gabi y Cabrera. Justo en ese momento pasaba un gran grupo: Arda, Koke, Mario, Filipe Luis, Baptistao, pero el del hotel me cerraba el paso. El señor adulto que estaba más atrás conversando con Villaverde logró una foto con Tiago, Arda y un jugador más que se ha borrado de mis recuerdos y que no se distingue en la pequeña grabación que pude hacer. Logró la foto ya que el del hotel se distrajo con nosotros. Ahora si estaba imposible. El administrador del hotel y los de seguridad se aseguraban que no me tomara más fotos y que no genere más desorden. Me invitaron a retirarme del hotel y desde afuera, lo último que hice, fue ver a Juanfran caminando y gritar su nombre, a lo que me respondió con un saludo levantando la botella de su mano.

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Más tarde, en mi casa, analice la posibilidad de ir el día siguiente al hotel a terminar de tener las fotos con otros jugadores. Mi sensatez me dijo que no, que podía haber problemas si los miembros del hotel veían al mismo aficionado testarudo intentando sacar fotos y ahí si podía recibir una sanción grave. Llegó el miércoles, día del partido. Legué con dos horas de antelación al partido. Hacía mucho frío y veía a mí alrededor camisetas celestes. Ninguna rojiblanca. Comencé a preguntar a los guardias para ubicar la entrada en la cual llegaría el bus colchonero y lo logré. Era el único al principio, pero conforme pasaron los minutos había unas 15 personas esperando el bus. Hasta que divisé las dos motos de policía y la camioneta resguardándola. Sabía lo que se venía. Comencé a agitar mi bufanda mientras que el Cholo saludaba por el retrovisor delantero a los aficionados. El bus ingresó al estadio quitando toda posibilidad de obtener fotos o autógrafos en ese momento. Los allí presentes, afuera de las vallas, llamábamos a los jugadores uno por uno mientras descendían del bus. Era hora de ingresar al estadio.

Dentro del estadio sentí y viví el partido de una gran manera. En todo el estadio había unos 40 colchoneros y en mi sector muchos españoles con camisetas y banderolas. En el campo estaban charlando Arda, los juveniles, Filipe Luis y Baptistao. Me encontré con un colchonero al que ya había visto el año pasado cuando el Atleti jugó la Copa Libertadores Sub20, de triste recordación por la derrota humillante frente a Junior de Barranquilla. Cuando vi que Filipe se acercaba al túnel de los vestuarios, no dudé. Me acerqué lo más posible, el compañero rojiblanco lo llamó y obtuvimos sendos autógrafos, él en su banderola, yo en mi camiseta. “Estírala”, me dijo Filipe. Luego vino Baptistao y también obtuve el autógrafo. El tercero y último fue el de Arda, y ahora me doy cuenta que con un poco más de viveza y reacción también hubiera podido obtener una foto con él. Lamentablemente no tenía una cámara al alcance en ese momento pero con los autógrafos ya me sentía realizado. Ahora era el momento del Cholo. La proximidad del banquillo con la tribuna hizo que un gran grupo de gente se acumulara en un sector llamando y aclamando al Cholo. Unos rojiblancos de España comenzaron a bromear con Mario y Adrián, pero estos se negaban a acercarse. “No nos podemos mover del banquillo”. Vi a Cabrera y lo llamé, volteó y me saludo. Se me acercó un chico que quería hablar con Simeone y le acepté el espacio con tal de que luego saliera. Este momento está relatado en la crónica anterior ya citada. El espacio era tan cercano que podías encontrarte a dos metros de Simeone. Antes de que llegaran los de seguridad para que dejáramos a los jugadores tranquilos, le llegué a decir al argentino: “Cholo, lee mi carta”.

Captura

Los españoles comenzaron a hablarme al verme con la bufanda y camiseta. Me preguntaron por mi ídolo en el equipo, les respondí que Gabi o Diego Costa. Uno de ellos me dijo: “Para mí es Raúl García. Nunca juega pero es un crack”.  Al parecer no todos le tiran palos al de Navarra. El Atleti salió con su camiseta alterna, la amarilla con negro. El partido fue una delicia para cualquier colchonero y una lección de la gran distancia que separa al fútbol sudamericano del europeo. El Atleti fue el gato y Cristal el ratón por resistencia física, movimientos tácticos, presión y llegadas. El equipo peruano tuvo mucha suerte de no llevarse por lo menos 3 goles más. A pesar del gran dominio y llegadas, el gol llegaría a los 78’. Mario Suarez, con un tiro impecable y fabuloso de fuera del área la clavo en la escuadra. Verdadero golazo que el Cholo lo celebró cerca del túnel de vestuarios, ya que había sido expulsado. Para que vean que con este entrenador el equipo saldrá a ganar y a jugar en serio contra cualquier equipo y en cualquier rival. Otro punto para el argentino.

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Me dediqué gran parte del partido a buscar a Enrique Cerezo para solucionar cuentas pendientes por todo el daño que le ha hecho y sigue haciendo al club. Al que sí encontré fue al títere de Caminero con su soberbia insultante. Estaba en la zona VIP. Tenía dos opciones: recriminarle su incapacidad como director deportivo o tomarme una foto con uno de los grandes jugadores del doblete del 95-96. No elegí ninguna. Lo que me emocionó más fue cuando sonó el himno del centenario del Atleti en el estadio Nacional de Lima. Escuchar y el himno de tu equipo en vivo, ver a Gabi levantar el trofeo de la Copa Euroamericana y ver la victoria del glorioso a pocos metros de mí me generaron una sensación que nunca olvidaré. Lo recordaré por y para siempre. Así acababa esta experiencia y así acaba esta crónica. Mi sueño seguirá siendo ir al Calderón para ver al Atleti en un partido oficial pero no me puedo sentir desafortunado. Gracias Cholo, gracias Atleti. Gracias por tanto, disculpen por tan poco. Hasta siempre.

Twitter: Colchonero2012

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