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Tras mucho esfuerzo, desgaste e indagación logré dar con Diego Pablo Simeone. Ahí estaba, parado a pocos metros míos y no podía creerlo. Había logrado un deseo muy grande: ver en carne y hueso al héroe del Atlético de Madrid. El encuentro tuvo poco de suerte y mucho trabajo de un aficionado realmente apasionado que estaba decidido a cumplir su objetivo de encontrar, sacarse una foto, y entregarle una carta a Simeone. Gracias a ese torneo que la mayoría de los europeos menosprecia y lo ve como algo incongruente e innecesario por la lejanía, desgaste físico, riesgo de lesión y rivales de bajo nivel, la Copa Euroamericana, los hinchas sudamericanos del Oporto, Sevilla o Atleti pudimos cumplir un sueño muy grande de ver a nuestros equipos jugar en vivo. Pero está crónica no es para hablar de mi experiencia de poder tener al Atleti a pocos kilómetros míos, lo que luego se convirtió en metros y centímetros. Eso lo haré en la siguiente crónica. Es para hablarles del lado del Cholo que no conocemos, eso que no vemos ni en las conferencias de prensas, ni cuando está entrenando ni cuando está dando indicaciones en los partidos. El lado “humano” de Simeone.

Tengan por seguro que si algún día tienen la mínima posibilidad de pararse frente a su ídolo máximo preparen un tema de conversación antes. Cuando lo vi salir del pasillo del hotel sentí esa ráfaga de emoción y nerviosismo al mismo tiempo por todo mi cuerpo. Unas 6 personas se acercaron a su encuentro para tener fotos y autógrafos, y yo esperé impaciente mi turno. Sabía que casi nadie de los que se tomaban la foto era del Atleti y que los pocos que lo hacían no sentían al equipo tanto como yo. Yo me lo merecía más que ellos. Hasta que todas las personas pasaron y supe que era el momento. Me acerqué y de los nervios no me acuerdo que le dije pero entendió que le estaba “obsequiando” una carta de agradecimiento por todo lo que había hecho, está haciendo y hará por el club. Aceptó que nos tomáramos fotos con él de una manera muy cortés por lo que pensé que mis pronósticos de su personalidad eran ciertos. Dejó la carta que le obsequié en recepción para luego, al volver, recogerla (eso espero).  

Me imaginaba a un Simeone muy afectivo con los hinchas ya que en sus innumerables ruedas de prensa había dicho que los títulos estaban totalmente dedicados a “esa afición sufridora” y que lo que más le alegraba era ver a los chavales con la camiseta rojiblanca el día siguiente. Los únicos rojiblancos en el hotel éramos dos: yo y un señor mayor (en la siguiente crónica sabrán quién). Después de las fotos, esperé que el argentino se retirara pero para mi sorpresa se quedó parado por cinco minutos mirando su móvil. Estaba a metros míos, no había agentes de seguridad ni nada por el estilo.  No parecía que se fuera a mover de su lugar por varios minutos. Estaba tan conmocionado que no se me ocurría que decirle ni que contarle. No sabía cómo comenzar la conversación. Al fin, me atrevía a hablarle. “¿Hasta cuando se quedan en aquí?”, me miró, pensó y respondió: “Mmm, hasta el miércoles. No, no, hasta el jueves”. Pensé que comenzaría un diálogo fluido, que me preguntaría que hacía un colchonero en este país tan lejano, cómo comenzó mi afición y yo podría agradecerle todo lo que había hecho por el club. Pero no. Siguió concentrando en su móvil, sin prestarme mayor interés.

Se me ocurrió otro comentario para que Diego se animara a entablar conversación conmigo, que vea que soy un gran hincha del Atleti y no uno superficial. “Hoy en la mañana fui al lugar donde entrenaban, esperé dos horas afuera y los guardias no me quisieron abrir”. Simeone, sin dejar de mirar su móvil, me respondió: “Bueno, vale” con un gesto que buscaba decir “Pero bueno, ya estás aquí”. Otra vez se hizo ese vacío silencioso e incómodo. Era claro que el argentino no tenía el mayor interés en entablar conversación conmigo. Me retiré a un lado un poco avergonzado, con una sensación extraña: una felicidad inmensa de haber tenido la foto, poder haberle entregado la carta y poder intercambiado algunas palabras con mi ídolo y la otra, de tristeza y un poco de decepción al ver que el “Cholo” me veía como a un hincha más, como uno más dentro de esos miles de fanáticos que lo saludan tras cada paso que da en Madrid, Argentina o demás ciudades del mundo. Pero luego pensé, ¿Por qué debería hacer lo contrario? El señor mayor se acercó al ver que yo ya me había apartado, pero también fue “despachado” por el “Cholo” en poco tiempo.

No voy a negar que esperaba que Simeone fuera un poquito más afectivo conmigo. Tengo que aceptar que frente a él no era nadie y era un hincha cualquiera más. Pero eso no quita su total cortesía y predisposición para las fotos y autógrafos. Tal vez ese día el Cholo haya estado cansado y sin ganas de hablar, tal vez sea más parco de lo que se muestra en las conferencias pero creo que más bien es un entrenador que está un poco agobiado de los fanáticos. En el estadio sucedió lo mismo, los fanáticos le intentaban hablar al oído, él sonreía porque cortés y agradecido es, pero estoy seguro que hacía oídos sordos a lo que le decían. Así como cualquier personaje público y famoso, debe ver tantos hinchas en su día que seguro también aparecen de vez en cuando en sus sueños. Durante el partido, el acoso (no insultos, sino más bien aplausos y palabras positivas) era tan grande que hasta los mismos aficionados del equipo rival gritaban para que lo dejaran tranquilo y llego un agente de seguridad para asegurar la tranquilidad de argentino. Me dio un poco de pena que alguien que ha trabajado y derramado sangre, sudor y lágrimas por el club no pueda tener momentos de calma, sumado al estrés que ya significa ser entrenador y “director deportivo” de uno de los mejores equipos del mundo. A pesar de todo, si le hubiera pedido a Simeone cinco fotos, estoy convencido que me hubiera aceptado todas en el hotel. Tiene el orgullo y el ego de ser uno de los mejores entrenadores del mundo, pero está acompañado de la humildad de todo colchonero y de sí mismo.  

Ese es Simeone. Un entrenador que por su trabajo, decencia, humildad ha llevado a lo más alto al Atleti y a él mismo. Sin embargo, eso no lo ha cegado y se muestra tan respetuoso y gentil con el hincha rojiblanco como también parco y silencioso. Lo primero es algo positivo, lo segundo, algo ni bueno ni malo. Es su forma de ser. Mientras siga comportándose como lo hace con el Atleti, nosotros no tenemos derecho a reclamo, solo darle gratitud y más gratitud. Es imposible conocer el lado íntimo del Cholo tras ese breve intercambio de palabras. Solo esperó haber hecho una especulación lo más cercana posible a la realidad de nuestro ídolo.

Twitter: Colchonero2012

E-mail: atleti2012@hotmail.com

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