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El Atlético de Madrid fue un club que durante muchos años estuvo perdido en el limbo de la mediocridad y del fracaso. Un equipo que pasó diez años sin levantar algún título, pasando de ser un equipo con grandeza histórica y respeto a ser uno basureado por los medios de comunicación y aficiones rivales. Lo que es peor es que últimamente había llegado al extremo de no ser ni subestimado porque alrededor del mundo la existencia de este equipo era desconocido. Muchos no lo conocían, o ya no recordaban su historia ni gloria. No nos encontrábamos en las opciones de equipo a seguir y la media tabla era lo que se había vuelto común.  Las temporadas comenzaban con una gran ilusión pero nuestro único alcance final era ir a Europa (lo que realmente significaba quedar 7mos y clasificar raspando a la Europa League). Se aceptaba esa realidad con más resignación que con ganas de cambiar el sistema, de cambiar el Atleti. Las esporádicas quejas de los aficionados no solucionaba el problema de fondo: nuestra directiva. Ya se ha dicho varias veces, la esencia del Atleti estaba enterrada en un cementerio con fecha de origen pero no de caducidad: 1982-????

 

El Atlético de Madrid mostró síntomas de querer revivir y salir de su tumba en el 2010 con los títulos de Europa League y Supercopa. Pero no. Los mismos jugadores que habían elevado al Atleti a la gloria decidieron despreciarlo y largarse con la complacencia y sonrisa de nuestra directiva. A los que no partieron, los hicieron partir directa o indirectamente (enseñándoles la puerta de salida o evitando hacer contra-ofertas dignas). Todo lo que se avanzó se tachó con una pisada por un motivo principal: aquel éxito era uno que no tenía cimientos sólidos, construido sobre la base de fortuna, calidad individual de ciertos jugadores pero poca base de grupo, de juego colectivo y regularidad. Quique Sánchez Flores fue un gran entrenador que sacó al Atleti campeón internacional tras 34 años. A pesar de ello, nunca logró formar un grupo unido y cohesionado ni un equipo que pueda mantener la regularidad y asociar los talentos individuales en toda una temporada. Para llegar a ser un equipo de élite debía de hacerse buenas campañas, no solo algunos buenos partidos.  

Diego Simeone ha logrado lo que decenas de entrenadores rojiblancos no pudieron. Su éxito recae en tres factores: la regularidad, la creación de un grupo,  y el compromiso con el club. Estos tres factores no solo han llevado a tener campañas muy buenas con clasificación a Champions, títulos materiales y morales (ganarle una final al Madrid tras 14 años sin vencerle) y respeto del mundo futbolístico. También han llevado a que exista un futuro. A que el Atleti tenga un futuro con el cual esperanzarse y crecer mucho más. La próxima temporada los aficionados iremos al Calderón con la seguridad de saber que el equipo tiene un juego y mentalidad definida, y que la mayoría de jugadores competentes del plantel estarán presentes en el gramado.

 

La regularidad se ha ganado en todas las competiciones que jugamos. El Atleti compite cualquier partido, juegue bien o mal, gane o pierda. Ya es capaz de mantener un buen rendimiento colectivo e individual durante gran parte de una temporada en varias competiciones al mismo tiempo. Es la base de cualquier equipo grande. Esto se ha ganado sobre la base de un juego establecido, de mucha intensidad, concentración, y de un gran desarrollo de las capacidades individuales de sus miembros. En el Calderón ya no somos el equipo víctima de los equipos de media tabla que quieren obtener un empujón anímico, sino somos los torturadores de estos. Los equipos sufren cuando somos locales, y si no plantean un juego y rendimiento bueno e inteligente saben que antes de los primeros 45’ ya pueden haber perdido el partido. Otro mérito del Atleti es su solidez defensiva. Todo equipo que no es seguro atrás está condenado al fracaso tarde o temprano. Casos hay muchos.

 

El segundo punto es la creación de un grupo. Sin grupo no hay equipo. Hace unos años un equipo humilde Sudamérica, Cienciano del Cuzco, dirigido por Marcelo Trobbiani iba en el primer lugar de la tabla. Sin embargo, los rumores sobre enfrentamientos dentro del grupo eran notorios y evidentes, a lo que él respondió en defensa de Cienciano: “Un equipo partido no puede estar primero”. Cierto. Fueron pasando las jornadas y el equipo decayó su nivel de rendimiento y ni siquiera logró clasificar a una copa (coincidentemente, la directiva lo llevó de la gloria al fracaso en menos de un lustro). Simeone ha conseguido crear un grupo muy unido con un mismo objetivo común. Nadie se desvía ni busca entorpecer el camino al éxito. Para esto también es necesario un entrenador que cuente con el total apoyo de la afición y directiva, el argentino lo tiene. Los jugadores sabrán que enfrentarse a Simeone es enfrentarse a toda una entidad y este es un factor que también los limita a “rebelarse”. Sin embargo, estoy convencido que esta unión no se basa en el miedo que mencioné, sino más en el convencimiento y seguimiento por una idea y valores. Las lágrimas de Falcao demuestran la identificación que tenía con sus compañeros y club.

El compromiso con el club es el tercer factor del éxito. Los jugadores tienen el corazón de rojiblanco y buscan la victoria no solo para ellos, sino también para una afición muy fiel en cualquier campo y en cualquier circunstancia. Se está generando este sentido de querer crecer en el Atleti y volverse grandes junto al equipo. El Atleti es cada vez menos un medio para el fin. El caso de Falcao es uno que no entra en esta categoría por lo expuesto en mi anterior crónica. Incluso, el comando técnico está logrando que la misma directiva se preocupe un poco por su club (es increíble que el entrenador tenga que convencerlos que con el corazón de la hinchada no se juega) y mantengan una estructura solida con refuerzos de calidad. Es por ello que este Atleti tiene futuro, porque mientras este Simeone, la directiva cederá en sus intereses personales y beneficiará más los colectivos. Los títulos y jugar la Champions es un atractivo para cualquier futbolista.

 

En mi primera crónica de esta temporada escribía que el objetivo del Atleti era ser reconocido mundialmente como un equipo digno, competitivo y ganador. Ya lo es. El siguiente paso es llegar a esa élite de equipos como el Bayern, Juventus, Madrid, y para eso se necesita la gloria durante mucho tiempo. Ganarle al Madrid una final de Copa del Rey no basta. Se necesita hacer eso muchas veces más y contra muchos rivales más. Un gran paso sería ganar la Champions League. Para luego, en un futuro no muy lejano, ser el mejor equipo del mundo. Estamos más cerca que hace un año. Muchos me tildaran de  loco, pero vengo repitiendo este objetivo desde hace mucho. El rendimiento del Atleti lo único que me demuestra es que no es tan imposible como algunos piensan, más allá de nuestra directiva. ¿Alguien pensaba en ganarle al Madrid la final de Copa? Nadie. ¿Por qué no ganarle al Madrid la final de la Champions?

Twitter: Colchonero2012

E-mail: atleti2012@hotmail.com

 

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