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He repetido muchas veces que ser hincha del Atleti te enseña lecciones de vida. Lecciones que te marcan para toda la vida y que principalmente te muestran que todo es posible. Que frente a las condiciones más adversas siempre hay esperanza y que con esperanza y convencimiento todo se puede lograr. El Atlético de Madrid es uno de los mejores equipos del mundo, y si me apuran, el mejor. No lo digo por historia, lo digo por rendimiento actual y una simple ecuación de inversión y resultado. El Atleti está pasando por una etapa de gloria que quedará como una edad dorada en la historia de este grandioso club. Esperemos que sea una etapa que en el futuro se analice como el gran salto a la gloria. El salto de Miranda fue uno a la gloria. Se dejó de lado los miedos, los años de mediocridad, el pánico, la barrera psicológica y se demostró al mundo del fútbol que el dinero nunca podrá con el coraje y el amor por un club. Uno ve los millones invertidos por Florentino y se da cuenta que lo único que logró fue desestabilizar a un club quebrado internamente. Un entrenador asqueado del propio club que dirige, conferencias de prensa auto-destructivas, desunión entre la grada y el comando técnico y el fracaso absoluto. En el otro lado, un entrenador con un sentimiento tan grande por su club que vive y celebra como un hincha más todos los partidos y unos jugadores que desde la humildad, el convencimiento, el trabajo, el coraje y la unión han logrado callarle la boca a medio mundo. Nadie creía en ellos. Ni siquiera los propios rojiblancos. Pero frente a toda esa adversidad este equipo demostró que quiere cambiar la historia del fútbol español. Un equipo rebelde con un deseo y esperanza de gloria que nunca se apagará mientras que este un hombre que es el Atlético de Madrid en persona: Diego Simeone. Gracias por tanto y disculpa por tan poco.

 

 El fútbol tiene esa magia porque es uno de los aspectos de la vida en el cual todo es posible. Es un pequeño lugar en el cual nada es imposible. Viendo las frías estadísticas resultaba imposible que el Atleti ganara. Una de las peores directivas del mundo, una de las peores economías del mundo (500 millones de deuda) y una diferencia de ingresos y de coste de jugadores abismal con su rival (5 veces mayor). No culpo a las personas que daban al Madrid ganador de la manera más descarada posible porque sé que nunca entenderán el sentimiento rojiblanco. En el campo se veía a un equipo unido por un coraje y un amor al club inmenso y a otro equipo prepotente y desunido. Un equipo hecho a base de mucho esfuerzo y sacrificio y otro hecho a base de talonario. La historia del pobre contra el rico. De David contra Goliat. El Atleti ha dado una nueva lección de vida y ha demostrado que ningún sueño es imposible. Ni en la vida real ni en el fútbol. Los atléticos deberíamos ser los primeros en saberlo.

 

La afición colchonera, a pesar del pesimismo y desconfianza hacia el equipo previo al partido (todos cometemos algún pecado en nuestras vidas), nos mostró una vez más la diferencia abismal entre ellos y los madridistas. Si un turista presenciaba el partido hubiera dicho que los atléticos eran los locales. A diferencia de esto último, el partido comenzó de la peor manera. Gol del portugués a los 13’ que nos hacía presagiar lo peor. En ese momento pensé que tal vez el fútbol tampoco era espacio para las esperanzas ni lo sueños. Los 14 años sin vencer al rival y el pasado siniestro me helaron la sangre. Tal vez el dinero y la tradición sí lo podía todo.

 

A diferencia de lo que marcaba el pasado y el destino, el Atleti no se rindió. Hizo todo lo contrario. Comenzó a adelantar líneas, con coraje, amor propio y un desgaste físico impresionante. Jugábamos como un equipo convencido de que no todo estaba dicho. Nuestro capitán, Gabi, se comportó como yo sabía que lo haría. Corriendo, pasando, disputando cada pelota como si fuera la última. Su risa frente al Barza quedará como una cicatriz que jamás olvidaré por lo repudiable que fue. Pero tampoco olvidaré su profesionalidad y su importancia en esta campaña de ensueño. El partido era trabado en el centro del campo hasta que Falcao decidió demostrar todo su potencial y se sacó de encima a dos defensores del Madrid. Metió un pase magistral a Diego Costa que se fue de cara a portería. Definió con la sangre en los ojos para hacer crecer su leyenda.

 

Luego llegó lo que muchas personas del entorno deportivo llaman la suerte de campeón. Que no llega sola, como dijo Simeone: “Para ganar una final hay que tener suerte (…) A la suerte hay que ayudarla”. El Atleti supo aprovechar la suerte. Once rojiblancos resistiendo los ataques madridistas y enfrentando la tradición. Tres palos, una salvada en la línea de Juanfran, dos paradas de ensueño de Courtois. Desde ese momento supe que este iba a ser un partido diferente. En otros partidos esos balones hubieran entrado, pero en el de esa noche no. Sentía la mística del Atleti. No sé cómo explicar ese sentimiento pero lo que sí puedo decir es que es algo muy intenso y da una seguridad inmensa. Los aficionados al fútbol lo habrán sentido alguna vez. Sabía que la Copa era nuestra. Cada fallo inverosímil del Madrid era un impulso anímico para el Atleti. Los rojiblancos se resistían a morir. Llegó la prorroga con una sensación de que el Atleti podía cumplir el objetivo. Cada vez llegaba con más peligro. Hasta que a los 97’, Koke tira un centro tras un rebote del saque de esquina. Diego López sale con lentitud y calculando mal, y lo demás todos los vieron. Joao Miranda con los puños en alto y éxtasis total. Esta imagen se repetirá de generación en generación. Espero que no quede como un recuerdo vago y lejano, sino que sea conocido como el gol que marcó un antes y un después en la historia de este sufrido pero único club. La hazaña se había logrado.

 

El Atleti es campeón de la Copa del Rey y cierra con broche de oro y de todos los metales preciosos que existan en el mundo está magnífica temporada. Clasificación a Champions directa, constancia, regularidad, un estilo de juego definido, armonía con la afición y una nueva copa que se suma a la Supercopa contra el Chelsea y la Europa League contra el Bilbao. Este título es tan grande que todavía no lo asimilo. El viernes el Atleti aumentó su prestigio en el mundo y estoy seguro que ha nacido una nueva generación de hinchas: una generación ganadora. Por fin pudo dar ese golpe en la mesa que todos pedíamos y vencer a unos de los dos grandes: el Madrid. En la Supercopa llegará el otro: el Barza. Pero esa ya será otra historia. Ahora toca disfrutar y felicitar a cada uno de los jugadores e integrantes de la plantilla que, con más o menos presencia en los partidos, colaboraron para formar un grupo unido y fuerte. “Cuando lo que sueñas se hace realidad, se puede decir que estás en el cielo”. La frase perfecta en el momento perfecto. Falcao y Juanfran llorando, Gabi flameando la bandera y levantando la copa del Atleti en el Bernabéu, medio estadio vacío tras la derrota (del lado de los blancos) cuando los rojiblancos se quedaron media hora tras perder la copa contra el Sevilla, la plaza de Neptuno explotando de júbilo, el abraso de Simeone con el Mono Burgos, las paradas de Courtois, la entrega y el sentimiento atlético de Turan,  vencer tras 14 años, el gol de Miranda…….. Imágenes y recuerdos que quedarán grabados para siempre. Este equipo está para grandes cosas. Un paso grande para el objetivo final: el prestigio y reconocimiento mundial.

 

Ser el mejor equipo del mundo. Sonaba descabellado cuando lo proponía en mis artículos a inicio de temporada. Yo creo que ya lo somos. Si vemos la ecuación de inversión (nivel de directiva, presupuesto, jugadores, economía, política de fichajes, cantera, corrupción) y de resultados (títulos, gloria, lucha, entrega, afición) creo que el único equipo que podría lograr todo esto con tan poco y tantas adversidades es el Atleti. Contra todos, contra todo. Ahora si ríe, Gabi.

 

Twitter: Colchonero2012

 E-mail: atleti2012@hotmail.com

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