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Tras una fase de grupos con más pena y sopor que gloria, llegaban las rondas de eliminación directa en la Europa League. Con mucha ilusión se acercaba la posibilidad de otro título europeo, y de una celebración en Neptuno para los que tienen la suerte de poder asistir. Pero en dos semanas, esa ilusión se fue, de una manera tan dura, injusta y repentina. Ya critiqué a Simeone (un ganador, “con limitaciones”) por su decisión de no ir a por todo. Aparecerán los que dirán que el argentino no tiró la competición, que hubo ocasiones de sobra en ambos partidos, pero nadie me quitará de mi mente que con el equipo titular completo en el Calderón y con un equipo con menos jugadores “para terminar la eliminación” y más jugadores “para remontar la clasificatoria” ya estaríamos enfrentando al Levante en octavos. Aparecerán los que dirán que estuvo bien para priorizar Champions, pero no de esta manera, no actuando de una manera conformista, temerosa, y al fin y al cabo cobarde. Si las cosas se ponían feas en Liga, se tiraba esta competición, pero no cuando no hay la más mínima seña de que la clasificación a Champions directa peligra.

 

Olvidándonos de las decisiones técnicas, si existe un Dios en el fútbol, ese ser no quiso que el Atleti pasara a octavos. Puso mil y un piedras en el camino, y evidentemente dotó de mucha fortuna a un equipo que no llegara lejos en esta competición. Estadios semi-vacíos, balones errados en frente a la portería, goles que ocurren una vez cada 20 años, resultados tan injustos como ha sido la historia con el Atleti, arqueros rivales que debieron ser goleados, rotación de jugadores, cobardía, palos, travesaños (el gol ni siquiera quiso entrar limpio, forzado). Todo se juntó para que el Atleti no clasificara. Me da mucha rabia que a un arquero tan inseguro como el del Kazan no se le haya anotado más goles, que no haya pagado caro sus errores, que un equipo que tuvo tres ocasiones claras de gol haya anotado dos, que no se haya llevado a ciertos titulares que se hubieran paseado en ese estadio y que el fútbol haya sido tan injusto con un campeón.  Creo que Simeone, y todos, pensamos que la remontada sería más difícil.

A pesar de todo, nos merecimos pasar y tener un mejor resultado en ambos partidos (imagínense lo que hubiera sido jugar con todo nuestro arsenal). Cuando prendí el televisor, quede totalmente asombrado por la soledad del estadio moscovita: 15 mil personas en un estadio con capacidad para 80mil. Parecía un partido de entrenamiento (se podía escuchar un “Aleeeeti” de un solo hincha), y sospechaba que la gesta heroica que nos habían hecho creer era toda una farsa. Era una mentira, porque si ganar por dos goles o más a ese rival era complicado, entonces Gil y Cerezo son los mejores directivos del mundo. El equipo que llevó Simeone puso contra las cuerdas al Rubin, el equipo B.

 

Un equipo ruso que se atrincheró en su área, y parecía que pisando un poco el acelerador la clasificación iba a ser lo normal. Las ocasiones se sucedían (poca elaboración y calidad, pero con empeño e intensidad se lograban sacar jugadas de riesgo) y  me pareció ver a un Adrián que resurge de las tinieblas con sus gambetas, y su asociación con Falcao debió haber dejado más de un gol de saldo. Raúl García y el Cebolla probaban de fuera sin éxito. Cada ocasión fallada o peligro de gol me hacían extrañar a Arda, Koke, Costa y Filipe Luis. No porque los que estaban en el campo lo hicieran mal, todo lo contrario, hicieron un partido bueno en relación con su nivel (con defectos y aciertos) pero con un puntito de calidad se hubiera logrado el objetivo.

 

Falcao nos devolvió la esperanza al final. Para perder ganando, como alguna vez dijo el Cholo. Irreprochable la actitud de los once que salieron al campo, Asenjo tapó una jugada que pudo enterrar el sueño al inicio del segundo tiempo (a ver si también lo aplauden cuando lo hace bien), Manquillo y Saúl demostraron que hay futuro (el segundo estuvo a punto de anotar un gol soñado pero otra vez esa suerte maldita no estuvo con el Atleti) y Mario siguió perdido en su batalla personal. Cisma cumplió, pero sin dar ese extra que los aficionados rojiblancos le exigen. De Cata, mejor reservó mi comentario para el partido contra el Sevilla.

 

Se terminó la participación europea del Atleti esta temporada. Ya no escuchare más esa musiquita de entrada. Ya no podré leer más crónicas del gran Ennio Sotannaz hablando de la historia de insólitos rivales. No se podrá repetir el doblete. La Europa League fue como una pareja incomprendida. Al principio todo marchó excelente, luego cuando ella decía A, él decía B, cuando parecía que la reconciliación sería el objetivo mayor, a las horas pasaba a ser una meta secundaria. Al final todo terminó de la noche a la mañana, y uno de ellos sabe que va a cosas mayores y mejores, va a la Champions. El (la) otra sabe que se quedará sin ese ser que la hizo popular a través del mundo, y viceversa. El Atleti (uno de los dos personajes) no volverá a verlo (a) en mucho tiempo, tal vez años, sabrá que va a disputar lo mejor, pero siempre, en lo más profundo de su alma, quedará el rencor de haberse despedido de una manera desagradable. De una manera cobarde.

En los próximos meses, extrañaremos la Europa League.

Nos vemos en el Calderón.

Colchonero2012

Twitter: Colchonero2012

E-mail: atleti2012@hotmail.com

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