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Era un día en el cual las cosas trascurrían de manera común y corriente, en el cual un padre de familia tenía que ir a trabajar. Lo mismo de todos los días. Lo mismo de todas las noches. Ese día había pasado sobresaltos menores, casi llega tarde al trabajo, pero nada fuera de lo normal y nada parecía que iba a afectar esa vida tranquila. Sin embargo, recibió una llamada de un familiar para avisarle repentinamente que había un incendio en su casa y la sangre de aquel hombre se enfrío. Paso de un día calmado a un día extremo en un par de minutos. Eso fue lo que ocurrió en el Calderón la noche del jueves.

El Atleti había pasado todo el primer tiempo dominando el partido y fallando gol tras gol, como si la puntería no estuviera del lado rojiblanco. La defensa había sido una muralla una vez más con Godín, Miranda, Juanfran y Filipe Luis, estos dos últimos habían estado muy participativos en el ataque por las bandas. En el medio, Simeone le había dado una nueva oportunidad a Mario para que acompañase a Gabi, luego venía nuestro tridente ofensivo con Arda, Koke, Adrián y por último Diego Costa. El Atleti salía a morder como es usual, más aun siendo una semifinal de Copa. Pero faltaba la puntería, ese instinto de asesino que diferencia a los grandes equipos de los medios y de los pequeños, faltaba ese jugador diferente llamado Falcao ya que Adrián nos hacía extrañar cada vez más su desempeño durante la temporada pasada mostrando que el arco todavía es un trauma para él. Diego Costa se contagiaba de esta desconfianza y nerviosismo y fallaba un par más de goles.

Emery se salía con la suya una vez más hasta el minuto cuatro del segundo tiempo. Tarde o temprano el fútbol pone a los equipos, jugadores y técnicos en su lugar y esta vez no fue la excepción. El Atleti ya se merecía estar arriba en el marcador y la presión incesante de Costa hizo que Spahic cometiera mano en su propia área. Segunda amarilla, roja y penal. Gol de Costa. Era el premio justo al juego, los imprevistos del primer tiempo por los desaciertos de cara al gol estaban solucionados y todo hacía presagiar una noche de euforia, muchos goles colchoneros, una noche común con el Cholo en el banquillo. Hasta que llamaron al hombre informando el incendio de su casa.

 

En una jugada del Sevilla ejecutada por el talento de Navas y por desatención de nuestra defensa, Negredo queda cara a cara. Courtois, una vez más imperial, logra atajar el remate pero para mala fortuna (mucha mala suerte), el rebote le choca en la mano a Godin cuando iba la pelota iba al arco, aunque se veía claramente que el uruguayo la podía despejar “legalmente”. Penal, roja y gol. La sangre de todos los rojiblancos se enfrío. Era una situación rara, complicada e inusual que no había ocurrido antes esta temporada, el 4-3 frente al Rayo como sensación más cercana.

 

El Atleti se quedó en “shock”, así como el hombre cuando se enteró  del incendio y que no podía creer que su día cambiara en un par de segundos. La situación del partido cambiaba en un par de minutos. El Sevilla iba por el segundo. Sí señores, tuvimos suerte de que un tiro de Rakitik se valla fuera por milímetros. Pero en esos partidos complicados es donde sale la casta de un campeón, o al menos, de un gran equipo. El estadio comenzó a empujar (que gran tifo de banderas del fondo sur), el equipo comenzó a salir de su asombro y atacar por las bandas, presionar al rival e ir por la victoria a pesar de estar luchando contra la mala fortuna, contra la corriente, contra la fatiga acumulada (partidos jueves-domingo-jueves)  y contra el caos. Gran mérito del equipo del Cholo.

 

Entro el Cebolla Rodríguez y con él la garra charrúa para forzar otra mano de un sevillista dentro del área. Esta vez fue amarilla y penal. Diego Costa nos volvió a dar otra lección de patear penales y anotó. Emery agachó la cabeza, aunque por dentro sabe que fue un resultado aceptable y que la suerte otra vez estuvo con él. Todo volvía a la normalidad, el hombre se enteró que el incendio había sido controlado y volvió a su vida cotidiana y rutinaria de semana. El Atleti volvió a sentirse cómodo y el Sevilla terminó agazapado con nueve hombres, con otra roja de por medio. De manera fría, resultado corto que pudo ser mucho mayor pero en esta llave tan disputada y competida (el Sevilla también supo jugar y ponernos contra las cuerdas) la ventaja mínima puede marcar la diferencia. Esperemos que no tengamos que lamentarnos por los goles fallados en la primera parte. Yo creo que no. Este equipo ya demostró que lleva casta en su sangre.

 Nos vemos en el  Calderón.

Colchonero2012

E-mail: atleti2012@hotmail.com

Twitter: Colchonero2012

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