Tras el partido de ayer serán 14 años. Los madridistas se seguirán cagando de risa en nuestra cara (aunque ahora tengan menos motivos), el portugués otra vez nos pintó la cara y nuestra mafia dirigencial tendrá que inventarse otra excusa que ni ellos mismos creen. Porque ellos también se orinan de risa del Atleti. El próximo año dirán que con un Calderón lleno basta para sentirnos “ganadores”. Lamentable.

 Un niño(a) nació, entro al nido, salió del nido, entro al colegio, terminó la primaria y nada ha cambiado. Todo sigue igual, y me hace recordar a la frase del Frente Atlético: “Otro año, otro timo”. No voy a ser hipócrita, me sigo sintiendo orgulloso de este equipo y de sus integrantes. Estamos pasando una de las mejores rachas de la historia del club y eso no se puede negar. Hemos logrado un doblete europeo humillando a rivales de gran jerarquía también. Después de un lustro podemos decir que estamos compitiendo una liga. Ya no somos los ganadores “morales” de las ligas y copas. Pero el único trauma que ninguna generación colchonera del último quinquenio ha superado es el Madrid. Es un mal que esta insertado en lo más profundo del  Atleti, que tiene unos cimientos tan fuertes que es casi imposible derribarlo, y que se ha ido consolidando año a año por culpa ajena y propia. Igual que la mafia del palco. Esta tan arraigado que ni siquiera un mago ha podido solucionar. Es el último truco que le falta a Simeone. Pero es tan riesgoso que el mago no se atreve a utilizarlo y a enfrentarlo cara a cara frente a medio mundo observando. A pesar de que su empresa tenía el apoyo unánime de su hinchada, que llevaba un colchón importante de puntos, que el Madrid estaba y sigue siendo inestable y mucho más frágil que otras temporadas, y lo más importante, que tenía mucho que ganar y relativamente “poco” que perder (íbamos a seguir por delante del Madrid y de medio España que quiere ir a Europa), no se logró el objetivo. Se jugó uno de los peores partidos en el Bernabéu de los últimos años sin la presión de antaño.

 Había tanta expectativa antes del partido que decidí invitar a unos amigos madridistas y no madridistas. Era el día en el cual íbamos a derrotar al Madrid. Iba a ser un antes y después en la historia del Atleti. No, no eran 3 puntos más como adelantaba Gil. Los 21 mil aficionados que se reunieron en el entrenamiento a alentar al equipo eran una clara muestra de aquello, ¿Acaso hubieran asistido en la previa de un partido contra el Osasuna? Esta vez, la parte racional de nuestra mente nos decía que se podía. Ya no solo era el subconsciente que por el corazón rojiblanco nos cegaba y hacía creer que le podíamos ganar al Madrid. Esta vez teníamos un equipo que podía y sabía lo que tenía que hacer, teníamos un turco que inspirado podía volver loco a los centrales blancos, teníamos a Falcao que en los partidos grandes no perdonaba, una línea de cuatro más que sólida, un Gaby y Mario que ya habían demostrado en antiguas finales poder ser una bomba en la Casa Blanca. Y los más importante, teníamos (al menos yo pensaba) la actitud para lograrlo. Pero todo fue como una película trágica. Una película en la cual se planea minuciosamente toda la estrategia para derrocar al monarca, pero al final los mismos rebeldes dan un paso atrás y comienzan a dudar sobre si en verdad pueden lograrlo. El miedo y la angustia los comienza a dominar y los lleva a creerse menos. Y el monarca no perdona. O aquel presidente “bueno” que va a vencer al “dictador”, el pueblo lo apoya, el dictador ya no tiene el apoyo de antaño, pero al final logra la victoria y todo sigue igual.

 El partido me hizo recordar a una crónica de un foro de hinchas del Atleti. En esta se contaba la vida de un niño rojiblanco que tenía que vivir con las constantes burlas de sus compañeros madridistas que se creían más. Pero su padre lo consolaba y le decía que no se rinda, y que siga apoyando al equipo de sus amores. Cuando llegaba el derby, todos los que se burlaban estaban divirtiéndose y no miraban el partido. Pero aquel niño estaba detrás del televisor, apoyando hasta el final a pesar de las derrotas. Al día siguiente, las burlas de esos pseudo-madridistas estallaban. Me sentí identificado durante el partido. Desde la previa, todo fue mal. Primero las declaraciones de Gíl Marín, luego la lesión de Filipe Luis. El partido comenzaba con un Cata Díaz improvisado (Silvio y Cisma no son laterales con el nivel necesario para Simeone)  y nuestra principal arma por la banda desaparecía. Todo transcurría normal, el Atleti tuvo su común llegada inicial y susto para el Madrid. Pero luego, poquito a poquito, todo se fue desbaratando. Cristiano clava por un ángulo el libre directo, otra vez no. Yo vi que se iba fuera. Mis amigos madridistas celebran: “Un año más”, “Te vas a morir y el Atleti no le va a ganar al Madrid”.  Corrían los minutos y Gabi no acertaba un pase hacia adelante, Falcao no recibía balón y ya sabemos que sin asistencia es inservible. Nunca me voy a comer el cuento que puede ser igual de desequilibrante que un Messi o que un Cristiano. Turan estaba desaparecido, Diego Costa reclamaba más veces que tocaba el balón y los minutos pasaban. Otra vez, el Bernabéu comenzaba a comerse al Atleti. Y la esperanza volvía al subconsciente de nuestro cerebro.

 Para el segundo tiempo, mis amigos madridistas ya habían brindado por la victoria (ellos la daban por segura) y habían desertado de sus asientos. El partido ya no era con ellos. Estaba como ese niño rojiblanco, detrás de la pantalla apoyando a mi equipo (aunque dudo que con algún efecto sobre el equipo o juego) y sabía que se repetiría la tragedia una vez más. El segundo tiempo no fue más de lo mismo, fue peor. El Atleti no jugó un partido de fútbol. Llegó una vez al arco rival, en el minuto 2. Luego nada. Mire el calendario, mierda, sí que faltaba mucho para el partido de vuelta. Otra vez la habíamos cagado. Ozil convierte el segundo entre las piernas del arquero (ni siquiera Courtois se salvó del desastre) y se cerró el telón. Este partido con el que todos habíamos soñado, con un hack-trick de Falcao, con un Mourinho con la cara desencajada, con un equipo que luchaba hasta el final y ganaba, volvía a ser parte de nuestro subconsciente. Volvía a ser parte de nuestros sueños sin cumplir, que es en donde hemos estado más cerca de ganarle al Madrid desde hace ya muchos años. El último campeón de la Liga, con casi nada, nos dominó como a títeres. El Atleti salió a especular, a ver que pasaba, a ver si ligaba el trámite de la Europa League o Supercopa. No señores, el Madrid tenía hambre y el Atleti estaba bloqueado (no sé si por falta de actitud o por no poder soportar el peso de los años) o por ser realmente inferiores futbolísticamente. Me voy más por lo primero.

 Decepcionado. Pasarán otros 6 meses. Los mismos mentirosos de siempre dirán que son 3 puntos más. Que se ha armado un equipo para pelear por todo, a pesar que Simeone tenga que forzar un central en vez de dos laterales naturales. Que si estas en el Atleti tienes que aprender a perder. Que tienes que callar como un ciervo. Que sino eres un mercenario. La otra parte no se quejará porque si no puede perjudicar a los jugadores, pobrecitos ellos. A jugadores profesionales que ganan millonadas y que pueden competir en la liga más difícil del mundo.  Seguiremos segundos pero quedará este oscuro recuerdo. Todo mago tiene un límite, Simeone lo tiene. El cambio de mentalidad viene desde arriba y va hasta las bases. La parte de arriba está podrida y los efectos son evidentes y se infiltran en todo. Tal vez el Frente Atlético tampoco es ajeno a este fenómeno. Tal vez también tenga vínculos o sospechas de  corrupción. La forma como se perdió es lo que me decepciona y lo que critico, no el resultado. Puede que solo haya sido un mal día en el cual todo salió mal, para eso hay revancha. Puede que este exagerando, total esto es fútbol, una diversión que no debería tomarse demasiado en serio. Aunque el partido era una lucha del rico contra el pobre. Podía convertirse en una enseñanza de vida para cada hincha colchonero o cualquier persona para luchar por lo que uno cree que es justo y no rendirse frente a las adversidades, frente a los poderosos. Pero el Atleti no dio aquella enseñanza.  Siempre hay revancha y se puede volver a soñar. Soñar con ganarle al Madrid hasta que nos topemos con la realidad. No importa si el sueño es más racional que irracional porque el resultado sigue siendo el mismo. La realidad llama y tengo que parar de escribir. El Madrid ha ganado otra vez.

 Nos vemos en el Calderón.

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