Hace poco escribía que el Atleti tenía que seguir el paso de los grandes si quería llegar a ser uno de ellos. Los grandes equipos se caracterizan por cumplir la tarea obligada, sin mayores sobresaltos e imponiendo su jerarquía. No importa el lugar, no importa la circunstancia, no importa el tiempo. Menos cuando enfrentan a rivales muy pero muy inferiores en cualquier aspecto. Le pido a su memoria un leve esfuerzo, que recuerden la temporada pasada, un 21 de diciembre del 2011, día en el cual caíamos estrepitosamente frente a un rival de Segunda B. Eso no era normal, era una humillación terrible digna de una dirigencia parasita. Con más suerte que con capacidad y planificación, Enrique, Gil y compañía han logrado que, por el momento, el Atleti alquile el disfraz de un grande. Es responsabilidad suya que este alquiler dure por mucho tiempo, y para siempre, porque este lugar tan preciado nunca debería abandonarse. Porque un equipo grande no solo se impone futbolísticamente, sino que posee una gran armonía en toda su estructura administrativa: deudas, ingresos, egresos, transparencia, respeto, regularidad, solidez de una idea global de todo un club y estilo de vida, entre otros aspectos. En esto último, ni siquiera hemos alquilado el disfraz.

Una victoria rotunda en territorio bendito con jugadores que habitualmente son suplentes es lo que espera el hincha del Atlético de Madrid. Un entrenador con una gran motivación e identificación para exigir lo mejor a cualquier jugador, y jugadores competentes. Frente a rivales débiles, el grande se impone. Aquí no hay David que venza a Goliat. Y el Atleti hizo lo que tenía que hacer. Formando con casi toda una alineación sustituta: Asenjo, Cisma, Cata Díaz, Silvio, Diego Costa, Raúl García, Emre y el “Cebolla” golearon al Hapoel, equipo digno de ronda de grupos de la Europa League. Y demostraron también que por ahora, el Atleti puede pelear en dos frentes: La Liga y Europa. La temporada pasada, teníamos que invertir tiempo, desgaste, y cansancio para asegurar la clasificación a las llaves, ahora no. El “Cebolla” con un gran tiro desde fuera del área y Diego Costa, tras llevarse al portero tras fabuloso pase largo de Adrián, marcaban diferencias a 5 minutos de terminado el primer tiempo, y hacían celebrar a los hinchas ubicados en la tribuna sur.

Me quedó con la tapa: “El Atleti se impone a lo campeón”. Es algo que no debemos olvidar, que somos campeones, que todos nuestros rivales en esta etapa nos miran con respeto, y ¿por qué no, con miedo?  Que tu equipo sea reconocido en el globo por su fantástico fútbol es la gran misión de cualquier equipo, porque más allá de los ingresos que genera, causa la admiración y reconocimiento mundial. Actualmente, todo es Barza, Madrid, Barza, Madrid. Gente que conoce poco o nada de fútbol, sabe quienes son. Pero no sabe qué es el Atleti. Es un poco contradictorio: nos imponemos como los grandes, pero lo hacemos frente a rivales desconocidos, y no en el lugar que deberíamos: la Liga de “los” Campeones. Sin embargo, este triunfo que cerró Raúl García en el 63’ de bolea tras saque de esquina, es un pasito más, un granito más de arena, para que la misión de la raza colchonera se cumpla. Ganar estos partidos, el derbi, ganar la Copa, clasificar a Champions, y luego disputarla hasta ganarla. Una y otra vez. Hasta lograrlo. Estos son los medios para llegar al fin: el prestigio mundial y el retorno al lugar de los equipos grandes, yo creo que sí se puede. Eso es lo normal. El Valladolid es la siguiente piedra. El siguiente. Espero que víctima.

Colchonero2012

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